Noveno paso

Confundí la soledad con el vacío.
Creí estar solo, sin nadie. Y, rodeado de tanta gente con la que, poco a poco, no me relacionaba, pensé que era abandonado a mi suerte.  

Pero estaba equivocado. Era yo quien me apartaba.
Día a día, la vida transcurre en un dar y recibir constante. Así es con la familia y los amigos, en especial. Y también con el resto de la gente.
Si dejas de dar, te aíslas, te vas quedando solo y vas dejando de recibir. Te vas excluyendo. 

Lo que yo he sentido y siento, no es sino el vacío inmenso que me dejas. 
Y que está siendo muy difícil de llenar. 
Es Tan enorme que no se abarca con nada. Y nada contiene. 
Es devastador. 
Solo silencio y una tristeza infinita. 
Es transparente, sin color. 
Es gélido y doloroso. Insoportable.

Busco una ventana que me saque de este laberinto sin salida, asfixiante y sobrecogedor. 
No se encuentra La Paz en el vacío.
En la soledad, si. Pero no sé vivir solo.

Solo darle tiempo a este infierno. Y que calcine las astillas y el árbol.
Imparable, para que siga la vida. Que se abra el horizonte despejado.

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