Espera (la inspiración)

Con la mano alzada sobre el teclado, esperándote.  
Con la mente en blanco, queriendo llover.   
Y el miedo atroz a que la tormenta se lleve de golpe lo sembrado.   
La incertidumbre de quien vendrá hoy, y si serán suficientes los desvelos.   
Si la atención y el cariño no fueran suficientes para calmar el alma y los deseos.  
Otoño que acecha, y el día se abre con sol radiante, todo al revés.   
Y en mi cabeza tú.     
Buscando una señal, la nota que comience la canción de sueño que suena a lo lejos.  
Lágrimas, angustia, necesidad de ser feliz.  
Nada se cumple si no se cae el cielo encima hoy.  
Solo la transparencia infinita del Azul de los ojos de un bebé precioso, señal de que mi tiempo ya pasó.   
El eco repite cada vez: espera, espera, espera. 

Rompió la vida

Se me rompió la vida 
cuando te perdí. 
Hicimos planes para siempre 
que de pronto se esfumaron. 
Y me dejaron vacío, 
mirando al mar lejano, 
sin comprender aún 
que tú fin era el mío también. 

Me resistí con violencia 
un tiempo, que fue un suspiro. 
Pero al fin la evidencia
calló sobre mi, 
como el telón oscuro del teatro, 
poniendo fin. 
Y se rompió la vida
cuando te perdí. 

Pesadilla de niño

En mitad de la noche, paralizado en mi cama. Un pequeño grupo de figuras etéreas a mi alrededor. Son tall grays que susurran entre ellos: 

  • Señor. No quiere salir. Está aferrado a su familia, a sus hermanos y sus padres. Nunca los abandonará. Aquí se siente feliz y seguro. 
  • Habla con él. Explícaselo. Lejos será libre, crecerá sin complejos, sin cargas. Y si se niega, sácalo a rastras, escaleras abajo hasta la puerta, que la dejé abierta a la noche. Y allí nadie escuchará sus gritos, ni sus suplicas. Nadie vendrá en su ayuda. Tendrá que luchar solo con todas sus fuerzas si no quiere perderse para siempre en la oscuridad. 

Me tomaron por los tobillos y me arrastraron escaleras abajo, hasta el zaguán. Intentaba gritar, pero no salía sonido alguno de mi garganta. Bajando el último tramo de escalones vi la puerta de casa abierta. Hacia afuera nada se veía. Y el viento agitaba las copas de los árboles grandes de la explanada.

Luchaba extenuado, muerto de miedo. En el momento final, me zafé de su agarre y mi espíritu voló escaleras arriba, a recuperar el cuerpo tendido inerte en la cama, empapado en sudor y lágrimas.

Ese verano estalló la guerra entre árabes e israelíes. Horrorizado, me juré que me pondría en medio de la batalla para poner fin a esa masacre, “Nadie dispararía a un niño”. 

Tenía siete años. Fue en octubre. En la casa de los maestros. Nunca le conté nada a nadie. 

Ulio, siempre

Se nos va el mes a toda prisa, con la cantidad de cosas por hacer y sin tener prisa.
Será cuestión del verano que a veces frena el ánimo y otras lo acelera.
O quizás también va por horas, y el greco (fresco) de la mañana apacigua sin duda las cosas, mientras que la noche te invita a invadir el día siguiente entre las penumbras de la noche junto al mar. 
Para soñar. Y esperar que nos llegue la luna llena, más allá de la mitad de la mitad del mes, cuando casi se nos escapa del calendario, y empezamos con el dedo mojado a pasar la página y dar un vistazo al agosto planeado. 

Julio es un mes intenso. Muy, muy intenso. Y a pesar de ser de los meses largos, no da tiempo a tanto acumulado.
Será después de tantos años, que lo tengo como mes señalado. A fuego y llanto, a cielo y miedo.

Fue un mes de julio…

Déjame querer

Déjame tener 
una historia de amor. 
La última vez, 
bajo el soportal empedrado 
del dique oscuro 
junto al mar azul. 

Déjame besar 
tus labios, amor, 
beber tus lágrimas, 
en tus mejillas, palidecer, 
tus ojos cerrados 
y yo sin perder. 

Abrázame 
como si fuera la primera vez,  
y la noche nos fuera a encender, 
tanto tiempo frío 
el corazón lo dejo correr. 
Siento tan cerca tu latido 

Y luego abandóname. 
Yo nunca te olvidaré. 
El viejo malecón 
se llevó mis sentidos, 
y te dejó atrás el tacón 
en el escalón donde bailamos fundidos 

de amor. 
Dos por cuatro,   
ritmo de nostalgia
y anhelos. 
Tango de amor 
perdido, de magia, 
llorado, vivo.
Querer

Inmortal

Si. Después de tu beso sentido 
despacio, y tu abrazo más querido, 
me sentí inmortal. 

¿Por que ahora quisiera volar?  
¿Cruzar la puerta de la existencia 
y salir a cantar la felicidad?  

Sentirte pegado a mi piel 
mientras, bailando, dejamos 
correr el corazón a ritmo. 

Y el abrazo envuelve 
el aura del color 
que tantas veces soñé. 

No sé vivir sin tu mano 
acariciándome. 
Tus ojos solo para mi. 

Es amor inmortal, 
eterno amor vital. 
Es Amor, amor. 

De gato

Soy un pájaro herido, 
encerrado en una jaula de junco, 
rodeado de todo lo que no necesito, 
y solo pensando en volar.  

Siento estar en el final  
de una vida de gato. 
Allí donde todo se acaba 
estás tú, amor. 

¿Para que seguir 
luchando cada día 
si no recuerdas ya si estás 
o te fuiste? 

Deja escapar la imaginación,
los recuerdos de la puerta  
abierta, de noche 
a la sonrisa de pasión. 

Empeño

¿Por que tanto empeño en no sentir?  
¿en no ser feliz, con tanto empeño?  
Se me va la vida sin apenas abrazar  
a las personas que quiero. 

Sin cantar bajito la canción tuya y mía.  
Sin sentarnos a la mesa, a desabrochar risas,  
a desnudar lágrimas de alegría  
por mi, por todo, por ti.  

Detengamos este tiempo  
una vez más, que necesito mirar  
de frente tú felicidad. 

Pon empeño. 
Por favor, concédeme este baile 
que QUIERO (amarte)