En que momento

¿En que momento nos dimos cuenta?
¿En que estábamos pensando, cuando nos atrevimos a intentarlo, sin más?
Cegados por la euforia, la felicidad de sentir de nuevo, de acariciar la cara de un sueño, sin vergüenza ni decoro. 
Construir un viaje inédito en mitad del desierto de afectos que era nuestro paisaje habitual, hasta ese momento. 
Salimos disparados hacia la luz, persiguiendo un impulso súbito, como el que encuentra la salida a un laberinto subterráneo, respirando intensamente para recuperar oxígeno de la tremenda apnea soportada.
Solo es posible ver en el espejo de la cara, que es la tuya, los ojos brillantes, los pómulos encendidos, la sonrisa abierta.
Alterado, recibo las descargas de energía que generas y se cruzan con las mías, cosquillas en el estómago, y derroche de alegría y fantasía. 
Es amor. Lo sé. Lo sentí. Correspondido y locura. Imparable. 
Y ahora, … 

Cada mañana

La presión en el pecho ha aumentado hoy.
Falta el aire en los pulmones y el camino se hace más fatigado. Resuena en mis oídos la respiración forzada, mientras ando despacio por una calle desolada por el confinamiento.
Dos esquinas he doblado para llegar a casa. Parece ahora más lejos esta caminata, mientras llegó sudando a la cancela de la valla. Una vez más no encuentro las llaves donde estaban.
Mi pequeña se va a enfadar si pulso el timbre de la entrada. Rebusco de nuevo en los bolsillos hasta encontrarla, por fin.

Vaya caminata. Apenas doscientos pasos, 185 metros de nada, que me parecieron el Himalaya.

Espero que pronto liberen la puerta hacia la playa, para retomar esa ruta diaria que me alimenta el alma. 

Hasta entonces imagino volar por encima de la arboleda y de las casas, hasta llegar con cielo abierto hacia la puerta de tu casa. Posarme allí delante a esperar que tú salgas, y nos demos un paseo despacio, por la estrecha vereda que nos lleva a la cañada. Sentarnos en el borde y ver las ovejas como pastan. Y el trabajo increíble de los perros que las guardan. 

No hay silencio allí, en la vaguada, cerca de la charca. El viento suave, el agua, los pastores, los perros, la valla, el cencerro, … todo empata, y llega amortiguada como una canción de fondo de esta semana. 

Soleada y fresca. Es primavera aún, los olores la delatan. Y yo sigo soñando cada mañana.

Destellos en el mar

Con suaves destellos 
en la bóveda oscura 
del cielo, de noche, 
anuncia una tormenta 
en la lejanía, 
en lo profundo del mar 
cotidiano, 
normalmente tranquilo, 
iluminando a espasmos, 
a través de la ventana 
abierta, la habitación. 

El olor a tierra mojada 
y el sonido pausado del goteo 
de la lluvia acuciante, 
acelerándose, 
me obliga a cerrar, 
amortiguándose de golpe 
todas las señales, 
excepto el parpadeo de luz 
y el estallido atrasado 
de truenos acercándose. 

Me desvela la curiosidad, 
no el miedo. 
No quiero perderme, 
desde mi refugio seguro, 
este alarde de fuerza 
y abundancia de la naturaleza. 

Los espíritus despiertan 
al son del tambor gigantesco. 
Caminan en la noche, 
cada vez más cerca, 
meciéndose al compás 
en la danza del fuego. 

Sueño un abrazo 
y suave caricia, 
tú mano en la mía. 
Imagino feliz 
este encuentro 
entre mis brazos, amor. 

Lágrimas desprendidas 
recorren cara abajo 
la emoción de estar juntos, 
corazón con corazón. 
Inseparables. Haciéndonos 
más grandes mutuamente. 

Besos lentos 
rozan las mejillas, 
buscando tu boca, 
sin prisas, 
respirando hondo, 
guardando cada detalle, 
con él corazón henchido. 
Es un sueño de amor.

… ese sendero

No supimos el porqué  
nos encontramos al paso  
en direcciones opuestas  
por un sendero tan largo 

Nos miramos de frente  
Decidimos intentarlo 
Fue una idea absurda  
un completo fracaso 

Fue intenso y corto 
Fue verdadero, un sueño  
sacado de un cuento  
en un bosque fantástico  

Es un todo o nada  
No podemos explicarlo  
Nunca funcionó a medias  
Así es mejor terminarlo  

No siento una parte de mi  
Creo que murió al dejarlo  
Un parte del corazón paró  
Mil veces intenté reanimarlo  

Se que fue casualidad  
haberte encontrado  
en esa encrucijada de vértigo  
fundidos en un abrazo 

Adiós mi amor de cuento  
Mi amor dulce y salado  
Será extraño no volver  
a ese sendero, ya lejano.

HOY

Hoy echo de menos la aventura de vivir enamorado.   
La ilusión desbordada. 
La locura de existir y estar por otra persona. 
Por ti.

La alegría constante sin razón aparente. 
La impaciencia de esperar a verte. 
Los nervios mirándote de frente. 
El placer de sentirme querido. 

Los millones de planes que constantemente hacemos. 
El tiempo parado en interminables caricias. 
El corazón acelerado mientras te veo llegar. 
El sueño alterado si te imagino cada noche. 

La única sonrisa que reconozco en la multitud. 
La certeza de sentirme coordinado como tu pareja de baile. 
La cercanía sin barreras, sin límites. 
Las manos entrelazadas durante el paseo. 

Te echo muchísimo de menos. 
Te espero aunque pase mucho tiempo. 
Extraño este corazón vacío. 
Es necesidad: ¡Te quiero a ti!

(A mi madre, por su entrega infinita y su amor sin límites.
A mi padre: por que se que a veces ese brillo cuando la mira es amor.)

Hoy la vi (un sueño)

Hacía ya unos días que habíamos conseguido evitar cruzarnos, en un nuevo intento del olvido.
No sin esfuerzo, porque a veces pasaba por el lugar de la última despedida, de camino a casa, esperando esa sorpresa de verla por casualidad.
Hoy la vi. Y me estrechó en un abrazo que alimenta mi alma.
Esta preciosa. Con cara de cansada a estas horas del día, pero preciosa en su sonrisa y su alegría.
No se puede entender lo que me alegra escucharla y mirarla mientras me mira. Me pone loco este viejo corazón partio. 
Luego me batí en retirada con prisas para no romper ese minuto encendido.
Te quiero amor.
Aunque solo haya sido un instante, que me encantó. Pero se el miedo que inspiro.
Se lo imposible que es mi delirio.
Es el destino que me cruzó con la Luna

Instante

Un instante cuántico,  
en estado mecánico.  
Donde el tiempo transcurre adelante y atrás, 
indistintamente.  
En él aparece tu espíritu oculto 
sin que nada puedas hacer,  
salvo contemplarlo.  
Un destello de fuerza  
interminable, cósmica.  
Luz a través de un punto   
se derrama por la habitación.   
Y el miedo y la agitación 
desborda tus defensas,  
acompasada, psicodelia,  
de tambor y distorsionada realidad.  
Salto al vacío de la nada,  
del que te cuesta volver 
a sentir en gravedad.  
Un solo sentido en alerta.   
La consciencia,  
perdida y transparente.  
Todo es velocidad   
y recuerdos apelotonados,  
algunos olvidados convenientemente  
en el fondo oscuro de la memoria.  
Eres tú mismo, reencarnado  
sucesivamente en los otras identidades  
que te invaden al tiempo. 
Te hacen ver siglos de existencia  
en un instante cuántico  
Desolador y fantástico.  
Confusión mental. 
Visiones brillantes 
vertigo y panico.

Luego silencio.

… y mentí

Enredado en dar explicaciones  
poco convincentes.  
Y llegados a este punto,  
para no perderte,  
te mentí.  

Era la única forma de no alejarte  
definitivamente.  
Y aunque la mirada 
no miente, 
no voy a quererte. 

Entre risas y conversaciones  
de confidentes,  
pasamos la tarde 
juntos,  
sin poder apartarme. 

Sin olvidar,  
ni olvidarte.  
Voy desenamorarme.  
Escondido tu secreto  
y el mío

en cinco tortugas  
y una ballena loca,  
nadando en circulos  
en los mares del sur,  
en Tasmania

Desorden

Yannis – Tengo todo hecho unos zorros, Hilario.
Hilario – El almacen, la casa y la cabeza, claro.
Y – Si. Difícil encontrar nada.
H – Y la insistencia de la pregunta que te hacen continuamente: ¿donde lo has puesto?
Y – Cuanto añoro a mi madre, diciendo “A que voy yo y lo encuentro”.
Me esfuerzo por ordenar. Pero hay veces en que voy decidido a buscar algo, y a mitad de camino, me olvidé a qué narices iba.
Y me fastidia tanto que acabo de mal humor.

H – Hace tiempo que no se en que clase de pelea andas metido. Pero evidentemente estas perdiendo. 
Y – Lo peor, esa angustia de ser incapaz de remontar y controlar la situación.
H – No. Lo peor es, exactamente, ser consciente del propio deterioro y contemplarlo como si fuera ajeno, viéndote como otra persona que ni te ve ni te escucha. A la que gritas avisándole del desastre, golpeando el cristal que os separa, pero ni se inmuta.

Yannis

Yannis Copelam es un viejo profesor de secundaria en un instituto de provincias.
Luce una poblada barba blanca, y un gesto pausado, como si el tiempo se hubiese detenido en esa persona.
Vive solo, rodeado de libros y pinturas, sus dos persistentes aficiones declaradas. 
Guarda celosamente un secreto, una promesa que juró nunca desvelaría.
Y nunca desvelará.