Alejados

Cuento Sultana de Istanbul

Hay días, cuando te alejas, que presiento alegre tu misión.
Ocupando en la tienda tu tiempo en las tareas más urgentes, ayudando a la gente en su conversación.
Aveces, imagino, te desplazas a caballo hasta el mismo lugar donde nos vimos. Y a pie recorres con paso decidido las calles, atendiendo los asuntos de tu agenda.
Alguna vez tengo envidia de tu criterio sin fisuras, y aprecio infinito la limpieza de tu mirada, tu dulzura.
Ser de luz, corazón sensible, poderoso compañero de armas, que juraste defenderme y auxiliarme, ven a mi, acércate que te extraño el abrazo.

¿Cómo no hacerlo?

Cuento Sultana de Istanbul

Cómo no quererte.
Cómo guardar en secreto.
Disimular los gestos de la cara
al mirarte fijamente.

Cómo no pasar miedo,
si el temor a perderte
me atenaza la duda,
que se desvanezca este cielo.

Y vuelvan las tormentas
azotando el mar de hielo.
La soledad más completa,
sin tu calor en mi pecho.

Sin ataduras, sin compromiso.
Sólo sitiendo la ternura
de tu mano en mi espalda,
abrazo refugio, paraíso entero.

Cómo no quererte,
si me has devuelto a la vida,
la risa, la ilusión de ver mañana
amanecer, envuelta en mi camisa.

Ya no llegan barcos
a través de mi ventana
de la Mezquita MOLLA CELEBİ.
En FINDIKLI, el puerto de Istanbul.

Lazo roto

Hoy necesite ayuda. No podía dormir.
Ya de madrugada voy mirando a la ventana, por si veo amanecer. Pero desde aquí no se ve.
He roto el enlace que me unía a un sueño. Era débil y fácil de romper. Pero me hacía tanta ilusión que en la sobrexcitacion lo rompí, como un niño alterado con un juguete delicado.

Es normal. Era demasiada intensidad. Tanta que daba miedo.
Y ha sido eso lo que ha dejado el enlace roto.

Voy a salir. Aún es de noche, pero quiero buscar tu primer haz de luz del día, el viento en las mejillas secará lágrimas y respirar el mar calmara con sal el dolor de las heridas.

Es jueves esperanza, y el cielo gris amenaza lluvia. Ojalá me moje de camino a casa. Ojalá enfríe está hoguera encendida alta. Ojala recupere lo perdido, y me devuelva el viento ese lazo de seda.

Encrucijada

Lo mejor de estar cerca, es la paz que me has dado.
Y lo peor, las despedidas.
La verdad es que, en mis planes de viaje, que nunca se cumplen, había reservado este día para estar junto a ti.
Ahora, en un cruce de carreteras, no se decidir. A la izquierda, hacia donde quisiera. A la derecha, de vuelta.
Y la mirada fija en la pantalla oscura del smartphone, esperando se encendiera con tu mensaje de tres letras: VEN.

Siempre es difícil. A veces imposible.
Nunca sacies del todo tu hambre, tus deseos, ni tus sueños, me dijeron de pequeño, y no entendí. Y aquí estoy infeliz, viviendo una vida a medias, deseando, soñando y a medio comer.

El tiempo, infinito siempre, menos para cada uno, se agota. Y no veo la hora, impaciente por volver. Será antes que el olvido, y muy tarde para el que espera.

Mientras crecerán las ganas, regadas con amor.
Preparada la montura. Ojalá el tiempo acompañe, y los días que restan hasta entonces pasen volando, como nubes en el cielo de una tarde gris de otoño.

Hasta entonces, escribir.

La gata

Esperando a la puerta de la casa, curiosa de ojos grandes, recibió con besos, descarada, saltándose la distancia, oliendo la fragancia y los recuerdos, con interés.
Desconfiada, siempre atenta, a la defensiva, nunca se dejó acariciar, tan solo jugar con mi funda de fieltro para las gafas.
Luego marcó su distancia de seguridad. Esa que ni cerca, ni lejos, impidiendo alargar mi mano para tocarla.
Sólo me queda mirarla, y soñar

9 de octubre.

Cuento Sultana de Istanbul

25 grados centígrados de las diez de la noche. A tan solo un día de luna llena, no puedo morir, si no es de pena, porque tú no estás aquí.

Una señal espero. Y me llegó la de ayer.

Ahora quiero un pañuelo blanco y carmín, un agitar tu pelo, una caída de ojos, un rubor, un si.

No sé si pienso y acierto. Sólo se que me encantaría sentir lo que sueño.

No tengo miedo al rechazo, uno más al desconcierto.

Esta vez lo entendería así.

Pero qué locura sería que me dejaras compartir a tu lado un trocito del camino, sin miedos ni vergüenzas, y con los ojos cerrados saber que estás ahí.

Ser tu amigo, confidente, tu amante, tu febrero, tu abril.

Que egoísta soy queriendo que me acompañes, si quiera, sin saber lo que piensas. Si esperar sentado en tu escalera para entregar mi atención y mi cariño, no es lo que ahora deseas para ti.

Un loco se te cruzó en el camino.

Si me apartas, será lo que digas. Desangraré mi herida lejos, y dejaré que seas feliz.

Y si te alegras, seré para ti, amor. Tu compañero, tu amigo. Tu campeón, tu caballero defensor, tu más fiel servidor, tu adalid.

Prometo hacerte reír.

(Carta de amor imposible, más allá de tu izquierda) Del capitán de la guardia a su Reina, en el Palacio del Emir.

Sin ser, en vestido …

Tirarse de bruces a piscina vacía.
Y hartarse de nadar,
ahora que estaba tan fría.

Con el viento de frente
a un cristal transparente,
sin despeinarse.

¿En qué tren te vi?
Ibas tan deprisa,
que parado no te reconocí.

Y mirarse de soslayo
a un espejo prestado
en el elevador.

¿Yo no sé tú ...?
pregunto ignorante
sobre tu vestido azul.

Tu sonrisa.
El oleaje.
Vivir
tu recuerdo
AZUL.
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