Y dormido, soñé

Hoy me quedé dormido. 
Me dormí y soñé  
que estabas aquí. 
Me perdí el amanecer. 

Avanzado el día, 
apenas miré, 
te vi sonreír. 
¡Que bello es vivir! 

...Y solo soñé. 

Castillo

Un castillo vacío, 
en la playa vacía, 
mi corazón en llamas. 
Ya amanecía. 

La guerra perdida 
del  tiempo perdido. 
Amores vacíos 
que no encontraré. 

Dulce Silencio 
en el cielo de nubes. 
La música suave 
la imagina mi cabeza. 

Viaje de fantasía. 
Donde la alegría 
la ponen tus recuerdos
y la madrugada. 

Mi Hada, 
mi amiga, 
mi madrina, 
mi amor.

Derrama

Cuando el corazón derrama su amor y su locura 
Cuando las lágrimas inundan tu cara y la amargura 
conquista la que antes, mucho antes, fue tu vida feliz, 
romper con todo, caminar sin rumbo dejando atrás 
el hogar, pisando el pasado en busca de la fantasía, 
surcando una nueva travesía desconocida, fatal, 
sin miedos ni dudas, apenas una mirada de despedida, 
parece la mejor propuesta. 

Y sin embargo, aquí estoy clavado a la ayuda. 
En el intento de hacer fácil lo difícil. Y no termino. 
Cada día surge un nuevo compromiso, 
una nueva tarea que no tiene fin, 
que me enreda de nuevo en un laberinto 
del que quiero salir, desesperado, sin aviso, 
para coger el camino deseado, acusado de traidor, 
sin mirar alrededor, la mirada fijo en el destino, 
como un loco, determinado únicamente en su fin. 

Derrama lagrimas y sangre, hasta vaciarte 
por completo. 
No tendrás mejor oportunidad de hacerlo,  
y saciar tu inquietud y tú amor más bello,  
más sincero y generoso, más inútil. 

Llorar como un niño, sin consuelo, 
mirando a todos lados, sin saber porqué, 
cuando empezó esta angustia 
que mantiene atenazado sin moverse, a su loco corazón.  
Que traición ha cometido, que pecado sin perdón 
le mantiene atado a esta silla, sentado, 
esperando que acabe, por fin, esta condena,
 y suspire de nuevo, su corazón por ti. 

Un gesto, 
un beso 
rozando apenas 
la frente 
tus labios 
sutil. 

Aludidos

Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia


Alguna vez se nos ocurren cosas sobre personas conocidas o no, pero que nunca pasaron. Son historias que inventamos y que ponemos en “caras” que te sugieren haberlas vivido.
Siempre son PURA INVENCIÓN. 

Hace muchos muchos años, con unos amigos “jugábamos” a esto: inventar historias sobre personas desconocidas que nos íbamos encontrando, solo en función de sus caras, de su expresión, de sus gestos. 
Y alguna vez protestaron los “aludidos”. Porque al escuchar las historias se “vieron” dentro.

Nunca se nos ocurrió comprobar el acierto de estas elucubraciones, claro está. Se trataba de dramatizar una historieta, compitiendo en la trama más curiosa o sorprendente. 

Escribiendo, alguna vez también aparecen los aludidos. Siempre me disculpo. Y seguiré disculpándome si alguien se siente aludido. Si alguien se descubrió en lo escrito. 

Nadie hace siempre lo que le da la gana. Pero, quizás alguno se ha ganado la libertad, de vez en cuando, de escribir “su historia” según se le ocurrió. 
Cuando algo se escribe, el lector hace suya esa historia. Y esa “versión” o al menos una parte escapa de mi control. 

Seguiré escribiendo con cuidado. Sin ninguna mala intención. Pero no dejen de enviarme al buzón de aludidos su versión. 

Perdone que les escriba.

La vida

El cancer me quito 
Lo que más quería, 
y me dejó 
lo que más quiero. 

La vida 
La vida, preciosa 
La vida. 

Y pasear de la mano 
que anhelo, 
me dio la posibilidad 
de jugar otra vez. 

La vida 
La vida, preciosa 
La vida. 

Y que me llamen 
abuelo. 
Cuanta ternura 
guardada para ti. 

La vida 
La vida, preciosa 
La vida. 

Renunciar a todo 
volver a andar. 
Desnudo de nuevo, 
corazón. 

La vida 
La vida, preciosa 
La vida. 

De viaje, 
el viaje 
sin más bagaje 
que amor. 

Y una lágrima 
sentida
desde el pecho: 
Tu alegría. 


¡GANAMOS!

Alcóvidcos anónimos

Contemporánea al tiempo moderno covid que estamos “disfrutando”, debería crearse una nueva asociación para reunir a los contagiados de la pandemia, que son tantos y no quiero yo decir “tontos” porque, si lo fueron, fue contra sua vontade 

La asociación, sin ánimo de lucro por un módico precio, que incluiría carnet de descuentos y camiseta conmemorativa, innovaría celebrando sus sesiones en grupos reducidos, por la distancia de seguridad, con mascarilla y un chupito de gel hidroalcohólico para manos, cuello, orejas y poco más. 
Me quiero imaginar que sentados en círculo y con la asistencia de un oficiante que te cascará pcr en menos que cantes un gallo, si en la breve exposición de la experiencia personal flaqueara en algún momento la voz.
 
Inovaría ¡mis cordones! En fin, todo muy previsible… y seguramente, no valdría para nada más. Pero juntos mejor que arrejuntaos. 

Ahora en serio. La verdad es que no le encuentro ventajas asociativas a esta institución. Y no quiero dar ideas gratis, que luego las caga el diablo. 

No vaya a ser que la suprema DGT les quite el carnet de conducir un año fuera de su confinamiento perimetral.  (Jo… Lo he vuelto ha hacer) 

Perdone que les escriba

Refugio nuclear


Cada uno, con el tiempo, busca su refugio.
Nos vamos refugiando del frío, de los pensamientos retorcidos, de los desafíos. 

No siempre eres de piedra, la distancia te supera, y te pone a descubierto con tus vergüenzas.
Ni siquiera las afrentas son de paja, y pesan como yunques imposibles de arrastrar. 

Tampoco el refugio es siempre una atalaya, inalcanzable  a las flechas que te lanzan desde enfrente, que hieren como el silencio y matan sin decir palabra.

Con el tiempo te haces vulnerable, sientes con dolor los desaires que abren heridas antiguas, destruyendo de un soplo tus defensas construidas con esmero.
Y andas como ermitaño buscando desnudo la nueva caracola que te defienda.

¿Y que hacer? Si solo espero que me alcance pronto el final y no dar tregua a la tristeza, que esto va de naturaleza, y refugiarse es retrasar lo inevitable. Ese no es el plan. 

Mejor investigar cuál es el núcleo del asunto, para encontrar el remedio que haga conjunto con tu forma de ser.

En mi caso, lo sé. Ojalá sea capaz de no parar de reír.
Mi mejor refugio es estar contigo, feliz. 

Y sin embargo cada día se hace más largo. Tendré que encontrar mi refugio nuclear. 

La BigData

Hablando como los locos. 
Nunca me ha gustado que me vigilen o me controlen.
A ver, es normal que cuando haces algo por encargo, o trabajas para alguien, aunque haya depositado la confianza en tu buen hacer, te ponga un ojo encima de vez en cuando para fortalecer el vinculo de confianza inicial, salvo que la confianza sea ciega, que en muy pocas ocasiones ocurre, y en casi todas acaba mal, no se porqué, ni por cuantas dioptrias hasta que ciegas.

Pero que otras personas ajenas a pactos de confianza, y solo por curiosidad o interés de su parte, te pongan también el ojo encima, pues que quieres que te diga… A mi, personalmente, me toca los cajones más íntimos (que son los de la mesilla de noche, fila de abajo) y molesta mmm, !en serio ya! 

Para que no me pierdas el argumento: un vecino del sexo que te de la gana imaginar y de la edad avanzada o menor que te inventes; y que esté todo el santo día con el ojo pegado a la mirilla de la puerta, es que me entran unas ganas de … saludarle, que flipas. (Me pongo violento de imaginarlo)

Pues cuando empezaron hace años a explicarme cómo funcionaba el BigData y sus aplicaciones, esa misma noche, me salió urticaria en la espalda. ¡Niño, que noche más mala pasé!

Para resumir, es como si tuviera de vecino a toda la gente, mirando si me rascaba el… cúbito. O el radio, !vaya! 

A pesar de todas las extensas explicaciones de amigos especialistas en la gestión de Metadatos, el BigData me refería siempre al olor de una hamburguesa. Y sus aplicaciones para “facilitar” tu vida y ayudar a tomar decisiones, a un “granHermano” monumental con capacidades “desconocidas” para retorcer tu libertad de decisión. 

¡Que quieres! soy un romántico.
Llámame revolucionario del libre albedrío. Chim pum. 

Y ha pasado el tiempo. 
Y ayer discutí. Por una tontería montamos una buena… tangana. 
Y después de un ratino, para relajarme, le pido a mi aplicación de música del móvil, apartado “radar de novedades” que me proponga música para pasar el momento…

“Tú me dejaste de querer” de C. Tangana, es el tema que eligió.

Habéis leído correctamente.

¡Flipando, nena!

Acabo de entender la paradoja del BigData…. y no es una hamburguesa.

¿Se puede elegir el BigData? ¿Para que fuera más fuerte, más sensible, más curioso, más de playa o del Atleti? ¡Quizás más gamberro!
La respuesta es que no se elige. Eres tú el elegido… o algo así.

Creo que voy a aceptar la oferta del municipio ese de Leon, que da casa sin wifi. Esto te lo digo confidencialmente.

Perdone que les escriba. 

Mr Holter

Después de hablar con mi hermana a medio día, me quedé atónito.
Ella me animó a escribir este post para ayudar a personas y familias que pasan miedo en el médico. Y con razón.

Mi madre ha pasado un día entero con un Holter. Y cuando digo un día entero incluye la noche.
Lo ha llevado todo el día como compañero de un lado a otro, sin despegarse ni un instante de él. 
Yo le advertí por teléfono que no se confiara, que hablara bajito y contara lo menos posible de sus cosas. Que era todo muy precipitado y merecía la pena ir despacio con “ese”.

Cuando llegó la noche, se acostó con él en la misma habitación y delante de mi padre.
No puedo asegurar que mi padre haya consentido, porque no lo veo tan moderno. Pero, la verdad es que no han pasado muy buena noche, ni mi padre, ni siquiera mi madre. Es normal que con un extraño en tu cama, pues la noche no sea normal.

El desenlace estaba cantado. A la mañana siguiente, mi madre a cortado con Holter y se ha despegado de él, dice que para siempre. 
Y ha vuelto con mi padre. 

He de reconocer que todos hemos respirado con alivio. Espero que lo que cuente Holter “por ahí” no ofenda nuestra tranquilidad. 


P.D. Para los que gustan del escandalillo y la controversia, y son ignorantes como yo en este tipo de relaciones abiertas, el Holter no es un joven físico americano, del que ha disfrutado mi madre un día. Es un “aparato” que te conectan en el pecho para medir el ritmo cardíaco a lo largo de un día de actividad normal, en su caso con una preciosa malla de calado grande, que creo le favorecía mucho. Aquí mi hermana me comenta que, si supiera mamá de los aparatos que hay en la actualidad y que son muy cómodos y hasta placenteros. Hago un inciso. Mi madre es muy moderna, pero no me siento preparado para hablarle del “satisfyer”, en este momento al menos.
Dicho todo con el debido respeto.
Quitar importancia a los acontecimientos y afrontarlos con un poquito de humor, es beneficioso para la salud.
Espero no haber ofendido a nadie. 

Tenemos que aprender a reírnos. Y no parar.

Perdone que les escriba.

L’ observador

Ahora que nadie llama para invitar, gracias a Dios, tengo que confesar que yo soy más de observar que de participar. Lo digo por si se quieren evitar la invitación. 

Así las cosas, no me tengo por un buen tertuliano. Aunque, en mitad de una conversación, a la espera de la oportunidad, puedo elegir el momento de una buena ironía, y caer en gracia.
En caso contrario, es decir, si caes en desgracia, lo mejor es despedirse discretamente y salir por patas. 

Y es que somos animales, muy muy animales, pero sociales. Como el perrino de mi prima, que no sería nunca capaz de vivir solo. Ni ella sin él, por lo que cuenta.
Es evidente que se quieren tanto, que mi prima ha “humanizado” la percepción de las caritas y mohines del perrino.
No sé si el animal ha “animalizado” las caritas y mohines de mi prima.

Es una cuestión que siempre me ha inquietado de las mascotas. Y que conste que yo he tenido también mascota alguna vez. 
Pero imagínate tener un lorito precioso y gracioso como mascota, tenerlo suelto volando por la casa entretenido, y descubrir que el bicho pensara de ti eso de ¡que gracia, menudo “pájaro”!

No sé muy bien cómo terminar este post.
Es más no creo que lo publique.
… por alusiones.