El daño

Fue tu lenguaje no verbal 
la distancia,
el frío,
el tic nervioso de tu pierna,
la atención a otros,
la conversación alardeada sobre tus amantes ...
Y de entre ellos yo, seguramente el peor, que solo deseaba enredarme entre tus abrazos, avergonzado callaba.
Contrariada, abortamos la sobremesa de copas con los nuevos conocidos, y me acompañas enfadada a casa, pasada ya holgadamente la media noche.
Y la luna llena, rabiosa luciendo brillante en un cielo gris nublado.

- "No se para qué viniste" me decías.
Palabras como puñales.

Daba igual, si finalmente me fui sin nada.

Con el tiempo ojalá recuerdes a este aprendiz de todo, que piensa mejor que escribe, y escribe mejor que habla.
Se hizo el silencio.
Luego, sólo soledad.


El daño que no quería hacer ya estaba hecho.

Deja un comentario