Adiós noviembre

Sometido desde hace años a una cura de humildad que me está matando. 
He prescindido de todo, incluso casi de lo imprescindible, y no ha sido suficiente.

Cada cual es de cómo y con quien vive. Y esta forma de vida de supervivencia no es la mía. Al menos no la que me enseñaron y luché por conseguir. Puede que la halla perdido, pero si no recupero, no habrá vida para mi con dignidad. 

Solo la soledad me salva, huyendo despavorido de la vida social, incapaz de vivir solo. Imposible más incongruencias. 
Mudo, muero de ganas de gritar al borde del abismo, para escuchar el eco de vuelta reconocible, que …

El reloj de sol se me secó.  
Mi kentia abrió brotes nuevos. 
Y perdí la hortensia. 
Mi sombra no me acompaña de noche donde camino. 
La hora ya no me dura tantos minutos, o más. 
En casa no caben más libros. 
Las pelis nunca las termino. 
Llevo escrito “malo” en los labios. 
Calma ¿donde estás? 
La lata del café, otra vez vacía. 
Vacío el cargador del miedo. 
Y siento que te fallé.  
Cantemos otra vez esa canción… 
Otra vez  

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