Balcones de infancia. Calle San Blas

De mi infancia primera, de vez en cuando, me viene recuerdos muy frescos, sin avisar.
Aparece la calle San Blas. Un gran zaguán con una escalera imperial, que se va estrechando según se sube de planta.
En la última, la casa de mi abuela. Un pasillo largo me lleva, dejando al lado la pequeña cocina donde me espera siempre con una sonrisa abierta la tía Sacra, hasta una sala grande, con la mesa de despacho, el bastón  y el sombrero del abuelo; y dos balcones a la calle, por donde se cuelan con fuerza las campanas de la Catedral. Música nueva para mi, que se impone al paso de coches y personas, calle abajo, hacia la plaza de San Andres.
Y asomarme a ver la maniobra imposible del autobús para entrar con parsimonia en el garaje de la esquina con calle Arco Agüero. Sin perder detalle, observar lleno de curiosidad, parado el poco tráfico, mirando con paciencia cada movimiento, adelante y atrás, hasta conseguir entrar en el cocheron.
Tambien el recuerdo de acompañar a la Tita Sacra, de la mano, a comprar huevos, y a la frutería de calle Lopez Prudencio, casi en la esquina de Las Carmelitas (esa casa de fachada sin ventanas a la calle), donde cogíamos verdura fresca y alguna pieza de fruta. Y tres plátanos. 
Y al rato, otra vez esas campanas 🔔 , mientras volvíamos a casa, cogido de la mano cariñosa de Sacra. 
Definitivamente la casa de la abuela era de campanas. 

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