A media noche

Sonó un golpe seco en mi ventana. Como si fuera un disparo a media noche casi, un estallido que me saco de la cama.
Nadie en la calle.
Aparté la cortina para echar una mirada.
Parecía una noche fantasma, especialmente solitaria.
Al abrir el postigo no vi nada. Solo el resto de cristales rotos en el alféizar de la ventana.
La luna llena. La fría brisa me hizo temblar un instante. Me abracé los hombros, y volví adentro, a la cama.
Los ojos abiertos de par en par. Escudriñando en la penumbra, como método para rebuscar en mi cabeza un motivo, una razón lógica para el suceso. La jornada intensa pasada, la ausencia casi de huéspedes al otro lado de la tapia, los recuerdos del Cerro, en La Habana, … Y no encontraba nada.
Solo que, en esa elucubración, se me pasó la noche enredada.
Y amaneciendo, me rendí al cansancio, cerrando, por fin, los ojos al alba.
Corto descanso. Otro día empezaba.

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