Silencio tortura

Con resignación recibo 
la tortura diaria del silencio,
que me aparta de lo que amo
y me dispone al filo del abismo
de la soledad completa,
a la espera de iniciar
el salto definitivo,
donde nada es ya sonido,
y la mirada se pierde
en la espesa y blanca niebla,
que, de pronto, funde a negro infinito,
y desvanece el futuro incierto,
que se convierte en nada,
sin expectativas ni recuerdos.
Es el fin.
Nada.
Después de tanto,
insignificante,
el rastro se pierde
en el bosque del tiempo.
Allí nos encontraremos.

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