El espejo

Mi vida es curiosidad.
Cuando más disfruto es aprendiendo en silencio, mientras miro curioso cada detalle del paisaje que tengo por delante.
Todos son evidencias, como en un registro matemático. 

También disfruto mucho escribiendo.
Pero ese momento convierte todo en un cuento. Es traspasar el espejo y entrar en fantasía. 

De este lado, donde vivo, necesito comer, dormir, tocarte, cerrar la puerta, no llegar tarde. 

Allí al otro lado, el tiempo se dobla y desaparece. Las distancias son infimitas y el paseo discurre a través de calles de Sevilla, Cáceres, Málaga, Badajoz o Madrid, que voy caminando sucesivamente y se van cruzando entre sí. También paseo en Nueva York y cruzo de acera a Paris, o me siento en una terraza de Roma. 

Todos los espejos mienten. Desde siempre se pensó que devolvían la imagen que de nosotros tienen los demás. Así servían para cuidar nuestro aspecto y acicalarnos. 
Pero nos devuelven la imagen que imaginamos, puro cuento, fantasía.
Frente a él no envejecemos. Cada día estamos igual que ayer. Ahí está el espejo. Ve y asómate, compruébalo… ¿lo ves? 

Una vez aprendes a entrar en él, ya es distinto. Es otra cosa.
Con el tiempo detenido y las distancias cortas, puede pasar de todo lo que se te ocurra. Sin límite, solo el que tú le pongas. 

Así viajar es acompañarte, sin más equipaje que coger tu mano. Sin esperas ni cansancio. 

Dormir es acariciar tu pelo y tu espalda, y soñar.
Bailar es volar sobre los pies bajo los arcos de Paris. 
Nadar es respirar bajo el agua cristalina y encontrarte tras un mar de coral. 
Comer es sentarme frente a ti y reír. Mirar y desear tus labios. 
Caminar es recorrer un sendero increíble de un bosque cerrado. Escucharte y oler ese camino, conociéndote. Y llegar a Santiago.
Soñar es mirar a tus ojos, viajar en ellos y llorar. 

Pero, ya sabes, nada es verdad a este lado del espejo. 

Navidad

La Nochebuena es la oportunidad de estar con tu familia más íntima, de encontrarte, casi sin querer, de frente con los sentimientos más tiernos e intensos que tu corazón pueda demostrar. Un buen momento para saludar a las nuevas incorporaciones.

También es una noche en la que, inevitablemente, te aparecen en el recuerdo las ausencias más íntimas. Has vivido todo el año enredado en mil cosas que te han despistado de su presencia eterna.

Así que la noche se presenta con la sensibilidad y la ternura a flor de piel. En la mejilla irrumpen sin querer unas lágrimas limpias y puras de amor.
Son de emoción, de felicidad y de recuerdo. Con toda la alegría y la esperanza, la aventura y el misterio.

Son mis perlas de amor de navidad.
Siempre con el mundo en los ojos. 

Y las quiero compartir contigo.
Feliz Navidad.

La Luz

Perdido el sentido de mi vida, solo paso los días sin motivo. Atravesando un tiempo vacío que lleno dando sonrisas y abrazos generosos. Pero es un intento vano, una estrategia de engaño para sobrevivir este camino sin amor.

Quiero a los míos, a todos. Y quiero a la familia elegida, la del corazón, a todos también. Sin embargo mi corazón sigue vacío. Y ese silencio es turbador. Convierte mi vida en invisible. Las noches en interminables pesadillas.

Observo, como de forma inevitable, se marchita despacio la Luz.  Esa Luz que solo da la Felicidad. Esa Felicidad que solo encuentras en el Amor, que alienta y alimenta tu vida. Entonces no sonríes con la cara. Sonríes con todo el corazón, con el hígado y los pulmones. Sonríes con el Alma.

Contemplo con tristeza como elegí el camino más corto para el final. 

Y mientras veo pasar el último barco con la primera Luz del día.

Cuento de Navidad

La Navidad es un cuento. 
Un cuento que nos han contado desde pequeños a generaciones y generaciones de niños. 
Es pura magia. 

En mi casa era tiempo de mucho frío y lluvia. Tiempo de botas katiuskas y jersey gordo de lana.
De tardes de candela y noches de brasero de picón bajo la falda de camilla. 

Eran tiempos de leer y de contar. Que un niño precioso había nacido de noche en un portal, y lo calentaban un buey y una mula.
Y le visitaban todos los pastores. Y Reyes a caballo y en camello seguían a una estrella para encontrarle. 

Tiempos imaginar cómo esa historia se repetía cada año en estas vacaciones. Donde cada tarde oscurecida, las calles se quedaban vacías, y eran ocupadas por pajes y personajes a caballo, que iban de paso hacia Belén, y recibían las cartas escritas a los Reyes Magos con las peticiones de todos los niños. También informaban de su comportamiento en casa, en la escuela o con los demás niños. 
Y mientras, se pasaban esos días aguantando la promesa de portarse bien, y el suspense hasta el día de Reyes en que, si cumpliste, quizás te dejen algún regalo. 

Alguna tarde, con mi abuela y mi tía, en la casa del cura, casi los sentimos pasar, ya de noche, con los postigos de las ventanas cerrados. 

Noches imaginando balones de cuero, muñecas de pelo largo, triciclos, juegos de arquitectura o camiones volquetes. 

Y los olores cambiaban a tierra mojada, a hierba, en casa a canela y limón, a cazuela de pavo, a rosquillas con azúcar y pestiños de miel, a mantecados y turrón, solo para estas fiestas. 

En nochebuena, cantar villancicos sin parar y aprovechar para tocar pandereta y zambomba, que luego se guardaban con las figuras del belen hasta el próximo año. Y comer polvorones y turrón.

En fin de año, confetis y matasuegras, uvas, más dulces y turrón.

Y al final, la noche de Reyes, preparando vasos y platos para los Magos y sus camellos. Noche de nervios para saltar de la cama apenas amanecía, correr escaleras abajo y explosión de alegría.

Cada diciembre, mi infancia fue una casa de pueblo llena de niños alrededor de un cuento de navidad.

A DOS

Perdón,
te amo en francés 
te hace parecer 
cuando no sabes sentir. 
Cuando no entiendes 
que sentir 
no es parecer. 

Pero nada es igual a decir
Je t’aime, mon coeur  
Te amo meu coraçao
O
Ti amo tutto il mío cuore 
 ... a corazón abierto 
... a cielo despierto, 
a todo o nada,  
lanzado al vacío 
en busca de tus abrazos 
salvadores, 
de tus besos embriagadores 
de fresa y limón. 

En mitad de la nada 
hace frío y vacío. 
Se te complica tu plan,  
y a pesar de dar tu mano, 
no compensa en el pecho 
el dolor de no ver tus ojos.
Suplico llorar a tu lado, 
emocionados. 
Emoción a dos. 
A dos. 

Burbuja

Se puede vivir en una burbuja.

Entiendo que, acostumbrados a vivir sin fronteras, tener unos límites tan cercanos nos provoquen cierta ansiedad. Pero es que dentro de esos límites está la garantía de supervivencia. 

No es una cueva. Es una burbuja que tiene las paredes transparentes y que nos permite movimiento suficiente y limpio. Y tener cierta perspectiva.

Pero la condición humana, inquieta y desafiante, nos empuja fuera de la zona segura, tentando a la suerte, aún sabiendo que la suerte siempre es escasa y esquiva. 

Es un impulso irracional desmedido en busca de rescatar lo perdido sin reconocer que está fuera de nuestro alcance. Y hasta ahora está siendo suicida.

No se entiende bien esta impaciencia.
Puede que la incertidumbre haya ganado espacio a la prudencia. Y la verdad no la vemos en la información. 

Lo más terrible es contemplar el tiempo perdido, la sensación de que se nos pasa la oportunidad. Sin embargo la VIDA enseña que, de oportunidades, es una cadena interminable. 

A las andadas

Volveremos.
Volveremos de forma tozuda a las andadas, tropezando torpemente con la misma piedra.
Y así una oleada tras otra.

El efecto llamada de salir a la calle pitando, de juntarnos hasta estrechar la distancia de seguridad, casi a tiro de un abrazo. Ese efecto llamada supera los miedos, nos hace olvidar los peligros y nos mete de lleno, otra vez, en el problema.

No puede haber duda que, a pesar de las vacunas diversas e inciertas, empezaremos el año nuevo contagiados y contagiando.

Mi madre, que es maestra, cuando de pequeño lloraba desconsolada e incansablemente hasta olvidarme de por qué, se “inventó” un término que aún me acompaña. Me decía “no seas temoso”.

No tenemos remedio. Nos quejamos, nos espantamos de miedo, escandalizados nos ponemos “temosos”. Y luego nos juntamos abrazándonos y contagiándonos en otra nueva oleada, de la que solo cabe esperar a contar la incidencia … y los muertos.

Y luego, de nuevo emocionados y “temosos”, quizás gritaremos ¡que vivan los muertos!

Bienvenido año nuevo 🪅 

De mi, de ti

Sácame, de mi todo
yo quiero darte todo,
mi vida entera. 
Mi corazón lleno
de amor, desata 
la pasión, fuego 
encendido, vuela
la imaginación, ciego, 
entrego mi alma
a tu abrazo, belleza, 
dulzura, delicadeza. 


A ti, quien quiera que seas. 
Corazón en búsqueda. 
Solo si te siento cerca, 
sabré que eres tú, 
alma gemela, 
quien me completa. 


Saca de mi todo lo que quieras. 
Yo te puedo dar toda mi vida entera.
Con mi corazón lleno de amor, 
desata la pasión, despide la tristeza.

De caramelo

En una ciudad histórica, grande y señorial, de la raya, pegadito a Portugal, a este lado del rio Guadiana, la génesis y la herencia vital me cuenta al oído, en mitad del paseo, que soy biznieto de Caramelo
Y mientras caminamos el empedrado negro y gris de un tiempo pasado, en el pueblo más bonito de España, me señala a La Magdalena, el Castillo o puente Ajuda, que lleva escrito Olivença del otro lado. 
El ratito de saludos y recuerdos en Casa Fuentes, para recoger la Técula Mécula y unas figuritas de mazapán, sellan este viaje improvisado y feliz. 
Los recuerdos de familia me vienen con olor y sabor del recetario de la “abuela Maria” de contenido culinario, de labores y de cómo comportarse. Y siempre pegaditos a las faldas y la conversación con mi madre y también con Engracia, Mechi, Pili y Nana, mis tías, y de Concha, la madrina.
Para volver en nada que estemos dispuestos.