Escalando pendiente abajo

En un mundo al revés
que se me dió la vuelta.
Después de escalar siempre
al filo mismo del abismo,
hoy siento que bajar
es más difícil. 

No fue nada
el esfuerzo de subir,
con las fuerzas que gasto
en aferrarme con uñas
y hasta con los pies,
pendiente abajo. 

Con lo fácil que es morir
que difícil vivir así,
aferrado a una vida
que ya no te pertenece,
si no llevas en tu mochila
tu medicina de amor. 

Con lo temprano que empecé
en esta lucha ilusionante,
y lo rápido que viajé,
cometiendo errores y aciertos,
el final lo he encontrado
pronto y extenuado. 

Ahora solo busco
un refugio y respirar.
Encontrar la tranquilidad
en esta escalada invertida,
donde aferrarse no vale de nada,
si no encuentro tu abrazo en una esquina.

61 menos cuarto

A mitad de mi vida,
cuando todo apuntaba
ya al final,
encontré una historia
incierta
en la orilla del mar.

Nunca te tuve,
en verdad.
Y me imaginé
que eras mi vida,
mi razón,
mi porqué.

Al final,
a los 61 menos cuarto,
me quedé solo,
como un niño
en medio del salón,
en mitad de una de fiesta de mayores.

Fui a esconderme
detrás de la cortina,
pero me pellizcan la mejilla.
Se me para el corazón.

Y por alguna razón,
no se que hacer.
Me quiero morir
de amor.

Me muero de amor,
me muero de ti.
Y sueño con ser
tú compañero de camino.

A los 61 menos cuarto,
cuando todo apuntaba
ya al final,
encontré una historia
incierta
en la orilla del mar.

Fui a esconderme
detrás de la cortina,
pero me pellizcan la mejilla.
Se me para el corazón, solo.

Esperados

Oigo música mientras espero.
Y mezo mis sueños despacio
con el mar en calma.
la brisa suave de hoy.

El sol que presiento.
ilumina mi sonrisa.
Y hace de bálsamo.
a este tiempo muerto.

Nada detiene los sucesos.
La vida es implacable.
Se abre paso a empujones.
Y los pájaros no paran de cantar.

Este año cantare.
Desde dentro con los ojos cerrados.
En el horizonte infinito.
Del cielo y el mar.

Allí donde tú estás.
Y doblare las voces.
En delicada armonía.
Y ecos interminables.
 
Que abrirán el corazón.
Cerrado a cal y canto.
Dejando que atraviese.
Tú viento de amor.

Canción de invierno

Ahora hemos de seguir nuestro camino, aunque no sea el mío a tu lado,
y buscar la felicidad que nos negamos,
que sin duda será nuestro destino
a pesar de que no pudo ser en mis abrazos.

La despedida vino vestida de rojo,
como no podía ser de otra manera.
¡Era casi Navidad!
Ser solo amigos es un reto demasiado ambicioso.
Inalcanzable para quien se quiere solo para ti. 

Tengo un problema:
No se estar solo,
y no quiero estar con nadie.
Resuelvemelo
y seré por siempre tu amante. Amor

La canción del invierno
está escrita.
Ponme la música y seré
por siempre
tu Amor.

Suspiro

La mayor maldición es la certeza
de que en el futuro no hay esperanza.
Inútil seguir sin ganas.
Es difícil estar vivo.
Asomar la cabeza
al umbral de la puerta
y decidir qué punto del horizonte
vas a alcanzar hoy.

Llevo días sin salir
caminando solo en el pasillo
sin encontrar el motivo
para sacar los pies del tiesto
perdiendo en esta lucha fratricida.
A la primera va la vencida
si la luz se apaga de día
no se acabar con esto.

La sombra me invade.
Me inquieta la noche.
Los días se acortan.
No quiero reproches.

No dejo de soñarte.
no dejo de quererte
no dejo de pensarte
No dejo de morir de amor. 

La fuente

En el patio del cole, en una esquina, pusieron una fuente con grifos de agua para beber o limpiarte la cara y las manos. El diseño era minimalista y muy práctico. Se trataba de un murete de ladrillo visto, que a ambas caras tenía una serie de grifos normales de cobre (ahora serían vintage), por lo menos siete y ocho por cada lado, y rematando la obra una canaleta de desagüe tapada por rejillas metálicas.
Fue, al principio, lo más parecido a unas duchas para después de gimnasia o entreno de deportes.
Y el agua buenísima: fría en invierno, caliente en verano, siempre abundante, y creo que nadie enfermó a pesar de que los grifos los chupaba todo cristo.
Hacia la fuente esprintamos trescientos sedientos desde todos los rincones del patio en el momento que sonaba el timbre del final del recreo. Se hacían colas enormes, con sus lances y empujones, pero que se resolvían con rapidez, porque había que #ponerseenfila y entrar con orden cada uno en su clase.
Eso no salía bien de primeras, y recuerdo que nos tuvieron un día entero en el patio; sonaba el timbre, corriendo a la fila, por orden de estatura, siempre en el mismo orden, entrar en clase; salir de clase al patio de nuevo; sonaba el timbre, corriendo a la fila, entrar en clase…. a la de cuatro nos dio la risa, pero nos enseñaron a entrar en orden.
Hace tiempo, mucho, que no voy por el cole, pero estaría por apostar que él murete de la fuente sigue en ese rincón del patio. Te puedes creer que el puñetero murete de los grifos es un recuerdo agradable del colegio.