Invisible. Un deseo y un sueño compartido

Estoy desarrollando una nueva habilidad: ser invisible.

Al principio me parecía imposible, pero lo he trabajado con esmero, poco a poco, día a día. Y puedo pasar casi inadvertido por delante de personas que me conocían y saludaban con interés. Y ahora me paseo invisible frente a ellos.

Honestamente tengo asumido que ya no aporto ni mucho menos lo de antes, y graciosamente he cedido todo protagonismo. Sinceramente, no me importa, incluso a veces lo prefiero. Sin embargo no niego que, cuando me ocurre con gente que quería y quiero, me angustia. 

Será que aún debo acostumbrarme para cuando consiga ser un espectro, un alma errante que pueda estar entre todos sin que ni siquiera me intuyan. Puede que sea pronto. Así que debo redoblar los esfuerzos para conseguirlo cuanto antes. No quisiera irme sin haber aprendido a no ser advertido, a quedar en paz, sin otra consideración. Y sin dolor. Aún me duele, y eso es síntoma de que me quedan unos capítulos por aprender. Y no queda tiempo. 

Y cada cual sigue en lo suyo, mientras me diluyo en mis pensamientos. 

Me gustaría instalarme bajo el techo de los teatros, en la tramoya, la cúpula y las lámparas, si es que caben más almas y ánimas allí. 

Desde luego en los de Málaga, para seguir disfrutando en babia, embelesado en la música de cámara, de pianos, violas, chelistas y por supuesto violines jóvenes, atraídos por Anna NILSEN y Jesus Reina a su Málaga Clásica eternamente. 

Y encontrar allí el amor que perdí, y la paz que tanto necesito. 

Ojalá Málaga reconozca el valor incalculable del Festival Internacional y respalde sin fisuras este evento anual imprescindible. Un deseo y un sueño compartido.

Caminos de otoño

Después de recorrer juntos, todo el tiempo pasado, ha llegado el momento de que separemos nuestros caminos. Brindemos con vino, estrechémonos en tremendo abrazo, y sin ningún sentimiento de culpa, separémonos y al carajo. 
Toda la intensidad vivida al pie, que nunca fue una carga, no pesó en esta decisión. Pero hasta aquí llegó el camino juntos. Y ahora toca separarnos para unir eternamente nuestro amor. 
Deja un vacío infinito imposible de rellenar, esta ausencia. Simplemente la tristeza anuncia el final definitivo. 
Adiós octubre penoso, que este año fue radiante de luz y con tiempo suave. El mar en calma, en la playa, nadie. 
Por delante, Dios sabe, otro noviembre bendito. Dedícame un ratito, si todo el mes no fuera posible. Quiero expresarte mi amor infinito, en un mes escaso de duración. Ojalá lloviera, amor, y en ti encontrará mí refugio, un abrazo sanador. 
Si deseas, mándame llamar, si no te viniera mal. La música ya suena. El frío viene de camino. El fuego lo llevó encendido, y mi corazón espera. 
Eternamente tuyo.  

Otoño.

La Rocina del alba

Entero

El corazón lleno de heridas
sangrando vida
El cuerpo erguido 
sujeto solo por la dignidad
y la vergüenza 
En un intento de no caer abatido
hasta el final, 
que se acerca. 
El día de no seguir más 
sufriendo
Orgulloso de lo hecho
Humilde 
si todo este esfuerzo 
valdrá (servirá )
Callado más tiempo 
cada día
escuchando latidos
que no son míos 
haciendo oídos sordos
a consejos amigos 
pensando solo
solo, y solo en ti. 
amor 
De Karina Bezkrovnaia

Donde

¿Donde estaba yo
cuando pasaste delante
del portal de mi casa?

Tan cerca y no te vi.  
Y luego te busque, 
te busque, te busque.

Mi trocito de cielo. 
Mi corazón dormido. 
Estás aquí mismo. 

¿Donde estás tu 
cuando te asomas 
al balcón de mis ojos?

Y solo devolviste
una amplia sonrisa, 
de la que me colgué. 

Mi trocito de cielo. 
Mi corazón encendido. 
Estás aquí mismo. 

Un buen trato

Hace tiempo que me apunte a la resistencia. Decidí que aguantaría todo y que nadie notaría mi ansiedad, mis miedos y mi pena. 
En la medida en que me voy haciendo menos necesario, me va ganando terreno a pasos agigantado el deseo de terminar de un golpe con todo. 
Y del mismo modo que decido esto, repaso mentalmente lo que me queda por hacer, sin saber bien que lo que tengo alistado va a ser imposible terminarlo. 
Pero cada vez más cerca, cada vez más vencido, cada vez más decidido a ir al encuentro. 
Nunca emprendo un compromiso de más de un día, del que me libere de inmediato y me dejé manos libres para intentarlo. 
Ya no inicio nuevas amistades ni frecuento eventos que me relacionen con otros. 
Solo estoy empeñado en colocar todo del modo que sea fácil y sin enredos. 
Que no deje colgando demasiados hilos sueltos. 
 Y que el olvido sea inmediato. 
Ese sería para mi un buen trato. 

Los ojos

Dolor, desesperación,  
futuro vacío, sin esperanza,  
permíteme que me vaya,  
y me arranque los ojos. 
Era solo una idea 
para morir. 

Miro y siento, 
respiro,  
alimento el alma,  
caliento la vida,  
coloreo la oscuridad, 
vivo en los ojos. 

Invento las historias,  
que nunca me ocurrieron,  
los anhelos que espero,  
la felicidad que lloro, 
ciego @elmundoenlosojos. 

Hispanidad

¡Felicidades! 

Gracias al idioma común, que nos une y acorta las distancias. Que procura el entendimiento y las discrepancias. Que nos abre a un universo de personas tan distintas y tan cercanas. Hoy mi abrazo va por mis amigos, mi familia del corazón, de mis amores en La Habana, Cienfuegos, Las Tunas. Y Juárez, Tijuana, Caracas, Medellín, Cartagena y Quito, Guayaquil, Portoviejo, y Asuncion, Areguá, y Santiago, y Viña del Mar, y Lima, Puerto Maldonado; y en Santa Fe, Buenos Aires, Ushuaia, … 

Por todas las oportunidades de ayudar y ser ayudado, de hacer frente a todos los desafíos, con respeto y con amor. Por el coraje, el orgullo, el carácter y la solidaridad, donde somos campeones.

Por hacerme sentir en la CASA más grande del mundo, la Hispanidad. GRACIAS

Cuento de noche

Ayer, de noche, me fui a dormir muy cansado.

Fue un día extraño, mezclando recuerdos del pasado y relamiendo la agradable velada del día anterior.

Quizás barruntando la bajada a las profundidades del alma que me esperaba a media hora de camino. 
Así, de inmediato que me acosté, me quede profundamente dormido, atravesando la oscuridad más opaca en un instante. 

El aire. El aire escasea allí. Respiraba fatigado, con mucha dificultad. Noté enseguida que no iba cómodo, y recorrí dando vueltas mi cama, de extremo a extremo, buscando la posición donde respirar más sosegado, pero sin conseguirlo. A cada minuto se hacía más escaso. La nariz cerrada, la garganta y la boca totalmente seca. El pecho vacío. La angustia se hacía dueña de la situación. Me esforzaba por estar sereno, procurando no hacer demasiado ruido. Permanecer quieto, intuyendo que las ánimas estaban allí cerca. Nunca sentí miedo. Pero hoy no era el momento, no era mi día. 

El aire. El aire escaso, me abandonaba. Y no podía recuperarlo. El instinto me hacía luchar, pero ya estaba paralizado, quieto, estirado en la cama, los ojos cerrados. En mi imaginación tu cara. Y estabas enfadada. ¡Sal de aquí! Me gritas, y no oigo. Todo el ruido también me ha abandonado. Solo te veo gesticulando, mientras siento ardiendo el pecho, los hombros, las mejillas … Y cada vez más lejos de casa. Sin mirar atrás.

De pronto una voz joven, como la de Andrea, serena, sin gritar, en tono de conversación, me dijo claramente un nombre: FRANCISCO.

 Y abrí los ojos en un instante. Recuperé jadeando él resuello, mientras permanecía acostado y quieto, como haciendo un balance de daños. Esperando volver a escuchar en silencio esa voz, pero no volvió. 

Despacio me levanté y di un paseo por la casa, repasando cada habitación, buscando tal vez a quien me habló hace un instante, pero nadie había. 

Nadie. Nadie a quien pudiera ver, quizás. Solo el calor en las mejillas, los ojos con lágrimas, la boca seca y un leve dolor de cabeza. Y un nombre que escuché con claridad, como la imagen de una flor roja en los restos de un incendio, y que me devolvió aquí.