Incertidumbre
Esa caja inmensa donde todo cabe,
ardiendo,
sin orden,
en un instante agolpado
con dolor en la sien.
Y al tiempo,
ese vacío infinito donde,
si buscas, nada encuentras.
Sólo frío.
Un punto blanco
en la oscuridad desmemoriada.
Lo más parecido al final,
como una puerta abierta a la muerte.
Esperando a llegar.
Si no fuera porque
mi mano está cogida
a la tuya, Amor.
Categoría: Diario de un náufrago
Este camino
Este camino se acaba.
Recuerdo cuando empezó.
La luz del día y los colores.
Eché a correr por el verde
sin darme cuenta de lo que subía.
A veces me perdía.
Pero escuchaba la llamada
de quienes me querían
y volvía atrás.
Luego tomé mis propias decisiones.
En mi cabeza seguía escuchando
las enseñanzas del maestro.
Y volvía atrás.
No fui consciente de lo empinado que subía.
Nada me detenía.
En mis sueños había música.
Sólo corría y corría.
Conocí el amor y el desengaño.
Nada fue suerte, ni por un día.
No sentía cansancio.
Había heridas profundas que me hicieron dudar.
Y sentí muy fuerte que podía
influir en la vida de otros.
Y elegí esa misión por amor,
sin darme cuenta de la dificultad.
La realidad me dió un baño.
Me dejó barado en un falso llano del camino.
La música cambió, y no dejó de sonar.
Dejándome llorando sin fuerzas
un día gris.
El camino ya no me llevaba
cuesta arriba.
Se deslizaba por una pendiente
con dificultad.
La música no dejaba de sonar.
Pero ya no podía volver atrás.
Un paso lateral seguro,
despacio, me dejaba alcanzar
el siguiente nuevo espacio.
Me volví prudente.
Había aprendido, lleno de heridas.
Perdí mi poder, mi lugar.
... Y ya no podía volver atrás.
Llegaba de nuevo
al prado verde donde descansar.
Respiraba con dificultad.
La música era mi memoria.
Lloraba soñando
... que ya no podía volver atrás.
Intentaba reunir todo mi coraje.
Y mis fuerzas mermadas
para no perder ninguna oportunidad.
Ya no podía volver atrás.
Miro a mi alrededor.
Nadie se da cuenta.
Es mi última oportunidad.
Este camino se acaba.
La música no deja de sonar.
... Y no puedo volver atrás.
No vital
Ojalá me estirpara el corazón.
Para dejarlo encima de un poste.
Junto al mar.
Y dejará de sentir tanto dolor.
Ojalá perdiera del todo la razón.
Y escapara a kilómetros de aquí.
Ojalá entendiera lo que sientes.
Lo que dices, sólo hace perderme.
Ojalá fuera todo más sencillo.
Y encontrará la paz que intensamente busco.
Que intensamente buscas.
Un abrazo oído.
Un beso perdido.
Un te quiero correspondido.
PACO MOVILLA
Enamorado de Cáceres, sin ser «catovi», como me decían de broma mis nuevos amigos.
Desde aquel día del ayer profundo del siglo pasado, en que convenci a mí jefe de entonces y a mí hermano, ya casi terminada su carrera en la facultad de Ciencias de la Información de la Complutense de Madrid, que deberían conocerse y darse una oportunidad.
Y así les concerté una reunión, casi una cita a ciegas, en la que le preguntó ¿que necesitas que te consiga para trabajar aquí?
- «El Mundo» le contestó rápido Paco. Después, un silencio de sorpresa y una sonrisa abierta de ambos.
- Estás contratado
Así empezó en la publicidad de Cáceres. Así empezó su amor por Cáceres, hasta hoy.
Después el Periódico Extremadura, la locuras de CREAERTE, el máster de San Telmo, otro de periodismo en el HOY, los cursos en la Cámara de Comercio …
Con determinación, con algunas decepciones, pero inaccesible al desaliento, se sumo y potenció la corriente de modernidad poniendo su talante y talento al cambio de esta ciudad antigua, con la educación y el estilo tan propios de Paco, separándose de las tendencias más gamberras de la época, construyendo entre todos la ciudad abierta y moderna que es hoy.
Un matrimonio, dos hijas, el placer de vivir en el centro, la familia, los viajes, buenisimo anfitrión de su ciudad, fueron la guinda de este pastelito.
Inquieto de nacimiento. Ambicioso.
Inconformista (todo puede cambiarse).
Defensor a ultranza de lo suyo y generoso a la vez.
Culto.
Hablador.
Competidor.
Intenso.
Canijo…
Todo esto y mucho más que me callo o se me olvidó.
ENAMORADO,
también de Cáceres, y sin ser «catovi»
Por siempre mi hermano PACO.
1962 – 2025
Vuelve
Después de tanto,
vuelven los monstruos.
El insomnio, el cansancio,
El tiempo pasando
despacio.
El silencio,
que viene del interior.
Los golpes de cabeza
buscando la razón.
El vacío que impide
la respiración.
El dolor en el pecho,
que viene de dentro.
La luz de la mañana,
perezosa, se retrasa.
La distancia.
La distancia.
Y allí tú,
mi estrella en la noche,
que no se bien, ahora,
si te alejas o te acercas.
Mi brujita sanadora,
MyQ.

Mi refugio
Julio es el más triste, a pesar de todo. Como si fuese, imaginado, mi once de gris y llanto.
Me siento ingrato con la felicidad vivida, mi pasado, mi amor inolvidable.

Y, al tiempo, injusto con el inmenso amor presente.
No existe una noche estrellada, igual a este firmamento de verano.
En ella tengo elegida mi estrella, reflejada junto a la luna en el mar Mediterráneo.
También en ella tengo a mi Reina, la estrella que me cuida y me cura, me protege y regala mi felicidad futura.
En mi cabeza encerrado en una cueva oscura, un refugio perfecto en la ciudad invisible, en Oblivion, donde todo se esconde a la vista del impostor.
Este Julio ya no existe, nadie más triste por lo perdido, ni más afortunado por el futuro que auguran.
Ni nada más seguro que la luz de tu sonrisa, Reina de mis sueños, mi refugio.

San Juan
Cuando te empeñas en hacerte daño,
me haces daño.
Cuando tu pasado desconfiado
te devuelve lo sufrido al presente,
me haces desconfiado.
Cuando el negro tiñe la noche,
las estrellas se esconden,
los fantasmas se despiertan,
y el silencio no responde.
Feliz San Juan
encendido en hogueras
que no quemaron las escaleras
por donde volvió tu pasado.
El Alma se rompe
como las olas blancas
contra la playa
disueltas en espuma.
CÁDIZ
Embrujo de calles estrechas, al fresco de la brisa en sombra. Al abrigo del viento de levante.
Decadencia que avanza a pesar de la lucha de los gaditanos, que apenas creen en ellos mismos, cansados del peso del paso del tiempo.
Y dejan de mirar la hermosura de sus trazos, entramados en la historia, buscando una salida viable para hoy y su futuro.
Los turistas, visitantes circunstanciales, admirados, recorren estos pavimentos adoquinados. Pero no pueden ser el único recurso para garantizar el futuro.
El «arte», sin morir de frío sino de pasión, la artesanía, la gastronomía y los servicios que ayuden a sostener está bellísima ciudad, serían el músculo que permitan salvar a Cádiz de si misma y de su destino decadente.
Y su gente, «carajotes», divertidos, inteligentes, apasionados, ingeniosos y orgullosos, ¡que arte! serán la sangre que repartirá la VIDA en cada plazuela, en todas las esquinas de este precioso laberinto, sin dejar caer ni una sola pared de ninguna casa, ni una sola hoja del calendario, ni una ocasión para reír con guasa.
Que un disfraz gigantesco te libere la poesía y la guitarra.
P D. No te olvides de La Habana.
Perdone que les escriba.
SIMPLE
En un mundo nuevo, simple.
Donde lo sencillo es lo corriente.
Pero, lo mayúsculo y simplemente sencillo. Ha eso me refiero.
Es el anhelo de estos últimos tiempos.
Después de transitar en lo sofisticado, lo único y exclusivo, prácticamente inalcanzable, deseo encontrar esa perfección de lo más primario, que esté al alcance de todos, y que sea inagotable.
Como el agua que por tangos cantaba El Camarón.
Como el agua de manantial, atemperada, saciante.
Perfecta.
Simple.
Como el agua.
Como el agua.
TORMENTA
En mitad de la absoluta oscuridad, una tormenta solar desata el caos.
Llamaradas de luz cegadora y ondas de choque de viento solar impactaban sobre nuestro escudo magnético, eyectando masa y presión sobre la atmósfera, ahora menos respirable, desordenando equilibrios naturales, y accionando resortes de defensa en las personas del entorno.
Todo hace evidenciar el frágil ecosistema de la tierra, que no depende en gran manera de lo que insignificantes individuos podamos hacer o destruir en este entorno.
O si.
Habrá que ponerse determinados a reparar y reconstruir lo dañado. Y al menos adaptarnos a las nuevas reglas del universo, ahora que la luz que antes otorgaba vida, se presenta con tal intensidad que fulmina todas las esperanzas.
Y atender y escuchar a los más sensibles, que siempre dan las claves necesarias de supervivencia.
Encerrados en los refugios excavados bajo tierra, aparentemente a salvo de las radiaciones, los pensamientos se suceden al contemplar a personas, la mayoría alteradas, con ansiedad, miedo, depresión, paralizadas ante la dimensión descontrolada de este fenómeno.
Buscando con premura un líder con discurso consistente e inmediato a quien seguir sin dudar, aunque el destino sea saltar por el desfiladero.
Apartados, un grupo de niños juegan desenfadados, desentendiéndose de la gravedad del momento, otorgada así por los mayores. Una rinorrea crónica espesa no les distrae de su curiosidad por las nuevas reglas impuestas al juego, ahora en la penumbra de la cueva, que les empuja hacia una sala recóndita, en la profundidad de esta caverna.
Allí se alegran de encontrar el lago de aguas cristalinas que representa el seguro de supervivencia de su grupo. Y que para ellos es el lugar perfecto donde salpicar y jugar a saltar en el charco.








