El momento de la vida en que elegí ser curioso, en lugar de estar quieto.
El momento de la vida en que elegí no parar, alardeando de fuerza.
El momento de la vida en que elegí eclosionar, en lugar de esperar a la sombra.
El momento de la vida en que elegí no ser rico para ser bueno.
El momento en que la vida decidió revolcarme, humillarme y ponerme de rodillas.
El momento de la vida en que elegí observar, para no interponerme a los que venían eclosionando.
El momento de la vida en que decidí esperar, para ayudar a los que estaban de rodillas.
Ahora, en este momento de la vida, tengo la certeza de haber sido feliz en cada uno de los otros momentos.
Y por eso, Feliz, elijo Vida.
Categoría: de cerca
La Leyenda

Detenido
Quisiera llegar pronto
a donde el tiempo se detiene,
para verte llegar despacio
por la veredita que vienes.
Quisiera mirarme dentro
del laberinto que tienes,
donde los versos no cuentan
todo lo que conviene.
Y respirar aliviado
llorando solo, por suerte,
de encontrarte aquí a mí lado,
Corazón verde, Corazón verde.
En el desierto
Creo que entraste por mi ángulo muerto.
No te vi llegar estando de espaldas.
Este mundo ya no es de los nuestros.
Y cuando me curan, no se de qué hablan.
Soy el desierto.
Todo lo que tengo cabe en nada.
Ando en el espacio que dejastes abierto.
Y ahora que te miro frente a frente,
me haces feliz, por cierto.
Un paseo en la noche
¿Como abrir camino en la noche, solamente armado con una linterna, que se hace pequeña según avanzas en la oscuridad?
Caminas buscando la luna, escondida entre nubes negras, que anuncian a gritos una tormenta.
Mientras, en un pequeño claro entre nubes, el brillo intenso de una estrella, con el que tropiezas, y casi te hace caer.
Pero sigues convencido de llegar a la playa a cualquier precio. Y la noche se cierra, y te envuelve. La orilla aparece blanca espuma de mar.
Te caes sentado en la arena húmeda. Y dejas volar tú imaginación, siempre intensa, siempre en «babia» , según decía tu padre mientras te enseñaba a multiplicar.
Porque volar siempre será tu sueño, de esos imposibles. Imposible para los demás, que tu vuelas cada día, mientras duermes y sueñas que el aire te da en la cara, y subes y subes despacito, mirando a todos lados para no perder detalle, recorriendo el perfil de la playa, remontando por encima de los árboles , los edificios y el cerro que nos guarda.
Y bajar, de regreso a la playa, y rozar con los dedos el agua helada del mar a esta hora.
Todo tan real, impulsado por la brisa, el viento de levante, potente motor sin más piezas que su fuerza, sin más técnica que la navegación.
Es un sueño, asiento convencido para mis adentros. Pero tan «verdad» que las gotas de rocío inundan mi cara, las manos heladas, el corazón henchido.
… Y estaba dormido.
SUEÑOS
CUANDO VIVES LOS SUEÑOS
NUNCA SABES QUE SON UNICOS
QUE NUNCA VOLVERAN A SER COMO HOY
QUE ESTAS SIN QUERER
EN TU CIELO
Los sueños son el pasado.
Son recuerdos de vividos,
Buenos y Malos.
Que no obedecen a las leyes humanas,
de tiempo y espacios infinitos.
Los escribo siempre con dolor,
no se hacerlo de otro modo.
Aunque también siempre me liberan,
en el mismo momento que están
escritos en el papel, frente a mi.
A la Deriva
A la deriva
Navegando sin gobierno
Pensando boca abajo
La sangre en el infierno
Es invierno
El frío derrite el calor
El árbol se agita con el viento
El pelo cubre tu cara
Es incierto
El camino que emprendo
Muestras aferrado a tu mano
Piso con fuerza
A la deriva
Mi mano escudriña en la oscuridad
Un horizonte que no existe
Aún
Que no existirá, quizás
Sólo en tí, MyQ.
Bye Bye Dady
Bye Bye Dady
Entregaste el testigo
de huérfano.
Durante tiempo has guardado
el mensaje sucedido
de tu propio padre.
Estoy rendido
a los pies de tu cama
a solas.
Todas las cosas
que pasaron en tantos años,
las llevo conmigo.
Generoso Dady
Humilde.
Dueño de tu destino.

Aferrados
Aferrados a una vida que no es vida.
A un camino angosto,
empedrado, cuesta arriba.
A un horizonte, ya cercano,
sin fuerzas ninguna para alcanzarlo.
A punto de rendirse, y sin embargo ...
Aferrados a una vida que ya no es.
SOY FELIZ
Soy Feliz, y no me he dado cuenta.
Siempre tiene que venir la Navidad y ponerme el reloj del alma en modo visión de cerca. Y contarme las historias guardadas en la memoria, esa que tengo a medias perdida.
Soy FELIZ porque tuve una infancia feliz, rodeado de hermanos a 360, de todas las edades y congruencias, que de todo eramos y estábamos en esa época.
Navidades cristianas y republicanas, según crecíamos y entendíamos que la vida nos pertenecía, y la vivíamos con vehemencia. Rodeados de hermanos, primos, amigos y querencias de todas las confesiones y pensamientos, sin estridencias. Felices los cuatro, los seis, los ocho y los setenta.
De tardes de domingo encerrados en el cuarto de Claudio, sin Claudio, en seis metros y sesenta, al menos doce o más, para escuchar la música y aprender las letras para cantar.
De morcillas en la cocina del bar Nuevo, sentados a la mesa; de vermut casero y altramuces en Los Canecos; de cafés en el bar de la casa de la Guardia Civil, jugándonos el tipo (si ellos supieran…); en El Pichi, de Campeón y pepinillos para todos, y eramos muchos; de cervezas y mosto blanco en el Casino; de ensayos con Los Tramp de J Luis Tristancho, de Rafa, Nachete y Nacho Campillo, en la buhardilla de ese caserón de la calle del Obispo…
De las luces de calle Larios, de los jueves de cañas, de los paseos de tu mano, …
La Navidad de los míos, que nunca se fueron, de los que se me fueron, de los que volvieron, y nunca olvidé. De los que encontré, y son un descubrimiento.
Navidades de amor.
Y recordándolos apareció el cocido de garbanzos extremeño, con sus aromas a morcilla y chorizo, a pollo, jarrete y pimentón. Que me los trae a todos cada diciembre, y me hace Feliz.
Feliz Navidad









