Rompió la vida

Se me rompió la vida 
cuando te perdí. 
Hicimos planes para siempre 
que de pronto se esfumaron. 
Y me dejaron vacío, 
mirando al mar lejano, 
sin comprender aún 
que tú fin era el mío también. 

Me resistí con violencia 
un tiempo, que fue un suspiro. 
Pero al fin la evidencia
calló sobre mi, 
como el telón oscuro del teatro, 
poniendo fin. 
Y se rompió la vida
cuando te perdí. 

Old vida

Hay cosas que quiero olvidar, y otras que no, pero las olvido. 
Nunca se si es un buen recurso o un castigo. 
Y siempre que me quiero acordar, me olvido. 

Me olvidé de como, sin querer, llegué hasta aquí, renunciando cada vez a lo que fui, decidiendo ser humilde y dejar pasar, y pasar… Y así pasó que me olvidé.
Y ya no sé de qué vivir, ni para que. Si merece el esfuerzo que me cuesta estar aquí. Si hasta perdí la ilusión, y el futuro es igual cada vez. Los días y las horas de los días se repiten, desde el amanecer hasta la noche, cada vez. 
Y me olvidé de planear lo que fuera a venir. Y siento cada vez que me perdí. Y me pierdo cada vez que olvidé. 
Y así, sin salir de esta escalera, donde no se si bajé o subí. Si ahora subí o bajé. 

Solo la Luna, y el sol al amanecer hacen que olvide lo que dejé de sentir, y por un instante sienta lo bello que es vivir esta vida vieja.

Sin valor

Aveces nos depreciamos. No aprovechamos las circunstancias para mostrar nuestro valor, y solo se ven las carencias.
Es una cuestión de valor, definitivamente. Pero este fluctúa su nivel en función de la demanda.
Quiero decir, que vales tanto como los demás esperan o necesitan de ti. Si fueras imprescindible, tu valor sería incalculable. Y lo contrario sería ninguno. 

Pero este idioma nuestro atribuye significados diferentes a una misma palabra.
Y en el caso de valor, también entiende de arrojo y atrevimiento. Hay que tener valor para aventurarse con pocos medios, sin margen de seguridad. 
O también iniciar una empresa, un reto, en un clima inseguro, por un camino incierto, aún sabiendo cuál es tu objetivo. Hay que tener valor.
El valor de lo incómodo, del esfuerzo, del riesgo. 

No acepté la rendición, siempre vendí cara mi derrota.
Lo que para mí nunca tuvo valor fue el precio. 

Perdone que le escriba.

Ella

Ella, cuando sabía con certeza que se acercaba el final, sin dudar, sus últimos días decidió pasarlos conmigo.

A solas en una playa de poniente, de arenas doradas, tranquilamente, su mano en la mía.

Organizó todo a su gusto. La pequeña al campamento, los demás a sus tareas. Todo con normalidad. 

Nos dejó a solas por última vez. El último paseo, las ultimas fotos del atardecer, una última cena a la luz de las velas en el jardín.
Sin abandonar su conversación animada, sin coartada ni señales de tristeza. Solo el cansancio infinito, la ausencia de vitalidad, cercenaban por momentos los ratos a medias. 

A veces me confundía su risa y su felicidad. Y el engaño era el cariño, que quería fuera eterno como esos días que pasamos. 

Al despedirnos del hospedaje, y ya en el coche, nos miramos a los ojos, brillando, serenos, sinceros.
Le pregunté.
– ¿estás bien? 
– Movió la cabeza a ambos lados, como respuesta 
– ¿vamos al hospital?
– ¡Vamos! dijo con seguridad.

P.D. Nunca salimos juntos de ese hospital.

Sinsentido

Cuando ya nada tiene sentido. 
Cuando dudas de ser tú mismo, 
de haber vivido este destino. 
Cuando la incertidumbre triunfa en tu cabeza, 
dándole la vuelta a todo, buscándole los errores, 
bañándote sin escrúpulos en temores. 

Todo se viene abajo, 
dejas de ser tú mismo, 
de compartir lo que más deseas, 
tu tiempo y tú cariño. 

Olvidarte de vivir es el nuevo mantra, 
que se olviden de ti, una meta. 
Que acabe pronto el sufrimiento. 
Si no puedes ayudar, si no tienes que dar… 

Como aguantar sin ser generoso, 
guardando tus manos en los bolsillos vacíos, 
escondiendo tus ojos o mirando al vacío. 
No te queda tiempo para esperar, 
y te sobra ya todo el tiempo. 
Todo pasó sin pausa.

Empeño

¿Por que tanto empeño en no sentir?  
¿en no ser feliz, con tanto empeño?  
Se me va la vida sin apenas abrazar  
a las personas que quiero. 

Sin cantar bajito la canción tuya y mía.  
Sin sentarnos a la mesa, a desabrochar risas,  
a desnudar lágrimas de alegría  
por mi, por todo, por ti.  

Detengamos este tiempo  
una vez más, que necesito mirar  
de frente tú felicidad. 

Pon empeño. 
Por favor, concédeme este baile 
que QUIERO (amarte)   
  
  

Quisiera querer

Quisiera aprender a escribir como pienso.
Y luego releer y corregir, para que se me entienda.
Corrijo: Quisiera aprender a escribir como siento. Y luego releer y volver a sentirlo. 

Sería bueno que se me entendiera. Alguien que se atreviera con paciencia o con interés en leer lo que se me va ocurriendo.
Pero, claro, eso me suena tremendamente pretencioso ¿a quien puede interesar nada de esto? 
Vuelvo al principio.
Quisiera aprender. ¡Que bueno aprender constantemente! Es inagotable este plan de vida.

Y leer, leer sin parar millones de historias y de ideas escondidas en las páginas de millones de libros interminables.
Salir a recorrer otros senderos, que puede que sean el mismo, pero escritos de otra manera; de esa que arranquen un pellizco en el pecho, que dibujen una sonrisa abierta, que destapen la curiosidad incontenible de llegar al final de la página, y pasarla para retomar la intriga abierta, inaplazable la respuesta.

Leer, leer, y aprender ¿Cuantas historias contadas o calladas, escritas, olvidadas, verdaderas o no, …cuantas caben aún en la imaginación? Infinitas. 
Pues no paremos de leer, de aprender, de inventar y vivir, de escribir y compartir.
Porque seria un despropósito olvidar, si una sola del montón de las que se olvidara, fuera la que te hizo FELIZ. 


A mi padre que me enseñó a leer y amar los libros

A la deriva

A la deriva


Siempre planificando todo, construyendo los trayectos, proveyendo las necesidades, fijando el rumbo, eligiendo el destino, que no me di ni cuenta de cómo se me pasó todo el tiempo. 

Y ahora, mirando alrededor sin prisas, me dejo llevar por el vuelo de una mosca, por el azote suave de la brisa en la maceta de cintas, deambulando distraído por recuerdos o inventando historias, como cuando era niño y mi padre me despertaba de ese ensueño a ojos abiertos, avisándome “estás en Babia”. 

Ahora, que ya no tengo tiempo, soy feliz imaginando que viajo en las gotas de lluvia a la deriva. Y el tiempo pasa despacio o deprisa, y solo importa cuando le escucho otra vez, en mi cabeza, “estás en Babia, despierta “. 

Ahora se que es en Babia donde el destino me lleva soñando cuando todo se me olvida, y sin resistencia me dejo llevar a la deriva.  




Abuelino en Camino

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