La respuesta

Después de tanto escribir, por sorpresa recibí la respuesta.


Querido:

Deja de pensar en mi. 
Deja de echar la mirada atrás, levanta el ancla y déjate llevar por ella, que es una corriente inacabable, y algunas, solo algunas terminan en el mar. 
Y cuando llegan al mar, el viaje continúa sin fin. 

Con toda seguridad nos encontraremos.
Tanta afinidad, tanta complicidad y ternura, durante tanto tiempo, no pueden abandonarse. Es cercanía y atracción, es historia de amigos y de amor.
Seguro que en algún momento volverán a cruzarse nuestras corrientes, cada vez más calmadas. 

Pero eso no puede impedir que sigas disfrutando de tu viaje.
Déjate llevar en volandas por la brisa y las risas. Escucha la música que suena y se escribe sin parar. Sube a esa peña y grita, llena y vacía con fuerza los pulmones. Explora y descubre todas las sensaciones. Y escribes, y canta, y llora.

No puedo quitarte el dolor, ni el frío, ni la debilidad. Pero el vacío has de llenarlo tú, si quieres. La tristeza es un manto oscuro que deja un rastro letal: la nada.

Así que, arriba. Porque después de una historia que acaba, empieza una nueva con prisas. Y va llena de aventuras, de retos y de flores. 

Siempre tuya.
La Vida.

Crónica al fin del año

Delante de la página en blanco sin atreverme a escribir.
Las ganas me ponen nervioso. Las ideas agolpadas sin orden, empujan. Pero no sé expresar ninguna.
Sé que para mí llegó definitivamente el fin de una etapa vital. Ya no soy indispensable, ni siquiera necesario para mi gente. Han aprendido a volar solos, y hasta la más pequeña está comenzando su vuelo por sí misma. 
Conseguí destrozar todo lo construido durante años. Me quedé paralizado y no he sabido tomar las decisiones adecuadas. Y el resultado ha sido devastador. 
Sin recursos y sin ideas, lo peor es no tener planes ni tareas por hacer. Así me voy vaciando. Y no quiero convertirme en la carga de nadie. 
Es extraño como siento que he roto conmigo, he perdido capacidades físicas e intelectuales, he desordenado mi cabeza, y mis recuerdos se presentan en tropel sin ningún permiso ni excusa previa.
Y la salud ha perdido su equilibrio y fortaleza, de la que siempre he presumido, y ha sufrido un batacazo estrepitoso, encadenando dolencias hasta rendirme. 
No tengo el futuro ni mucho menos asegurado, y espero asustado como, durante los próximos meses, todo mi mundo se va a precipitar.  
Siempre me gustó regalar y ayudar. Y al fin, ya no estoy para eso. No veo la salida.

Solo deseo encontrar la manera de no arrastrar a nadie conmigo, y hacerme únicamente responsable de todas las consecuencias.
Y que me queden las suficientes fuerzas para andar mi último camino.
Pero quizás sea mucho pedir. 

a noche

Cae la tarde, como un pañuelo gris cubriendo el paisaje. 
El dolor me llega desde lejos a través del corazón. Cubriendo una distancia inalcanzable, haciendo imposible acudir.
Los colores pierden el brillo y luego la tonalidad.
Todo se hace más sensible e intuitivo. Nada se ve con claridad, pero esta hora te deja de frente a ti mismo, a solas sin más.
Un zumbido sordo y agudo sucede al primer instante de silencio. Nada nuevo buscar algún atisbo de escuchar. 

Y en mi alma una inquietud antigua, una basta soledad abrumadora. La puerta que abre el torpe destino que me atenaza, que me rodea a veces con su tentación extraña. 
Solo pido que amanezca deprisa, que no sucumba a la promesa de encontrar el final que tanto me atosiga y me hace dudar.

Quiero andar un poco más. No necesito más. Mientras la luz cambia a noche.

A un paso

El día comienza a oscuras, de madrugada. La verdad es que comenzó ayer, cuando planeaba esta locura. 
Todo lo tengo ya preparado, menos las dudas. Es una sorpresa. Nada sabe de que pretendo aparecer en la puerta, como caído del cielo, como la lluvia. Y es tan intensa, que quizás no se abra. 
Si esto ocurriera, todo lo habría hecho por nada. 
A un paso, más cerca que nunca. Y la puerta cerrada. 
Lo fantástico es siempre el viaje. Los preparativos, los nervios de salida, el trayecto hasta llegar, los pensamientos bulliciosos, calmar las expectativas, conducir sin alcances ni desvaríos, disfrutar. Todo esto y más, sin duda.
Pero tener un motivo es el motor de arranque, es el color del viaje. Por cierto, este es de color blanco, el preferido de las rosas, que he de conseguir antes de llegar. Sería todo un detalle, de esos que curan el alma. 
Estoy contento y me siento feliz. Nervioso y excitado con tanto trajín. Pero ahora debo dormir otro rato y descansar. Me espera otro viaje soñado. A soñar. 
Y contarnos con café qué más tienes y qué más quieres, aunque sean dos los cafés, porque con uno no llegue. 
A un paso de tener ese ratito dulce o cruel.
A un solo paso de volver sin ese encuentro de miradas. 
A un paso de estar frente a la puerta, y no poder. (puerta 8, RSP).

De pronto he salido pitando, como el niño que han pillado intentando entrar a hurtadillas en la biblioteca.
Y después de recorrer la casa grande, se ha metido en la despensa de la cocina, a oscuras, y se ha puesto una olla grande en la cabeza para que no le vean enrojecido de la vergüenza, apoyado en la tinaja.

Pero es verdad. En la biblioteca no dejan entrar a los de mi edad. Y yo estoy como loco por volver a ojear las páginas de un libro pequeño de tapas rojas, que cuenta una historia de amor eterno. Y que leí hasta el final. Y quería resucitar.

El espejo

Mi vida es curiosidad.
Cuando más disfruto es aprendiendo en silencio, mientras miro curioso cada detalle del paisaje que tengo por delante.
Todos son evidencias, como en un registro matemático. 

También disfruto mucho escribiendo.
Pero ese momento convierte todo en un cuento. Es traspasar el espejo y entrar en fantasía. 

De este lado, donde vivo, necesito comer, dormir, tocarte, cerrar la puerta, no llegar tarde. 

Allí al otro lado, el tiempo se dobla y desaparece. Las distancias son infimitas y el paseo discurre a través de calles de Sevilla, Cáceres, Málaga, Badajoz o Madrid, que voy caminando sucesivamente y se van cruzando entre sí. También paseo en Nueva York y cruzo de acera a Paris, o me siento en una terraza de Roma. 

Todos los espejos mienten. Desde siempre se pensó que devolvían la imagen que de nosotros tienen los demás. Así servían para cuidar nuestro aspecto y acicalarnos. 
Pero nos devuelven la imagen que imaginamos, puro cuento, fantasía.
Frente a él no envejecemos. Cada día estamos igual que ayer. Ahí está el espejo. Ve y asómate, compruébalo… ¿lo ves? 

Una vez aprendes a entrar en él, ya es distinto. Es otra cosa.
Con el tiempo detenido y las distancias cortas, puede pasar de todo lo que se te ocurra. Sin límite, solo el que tú le pongas. 

Así viajar es acompañarte, sin más equipaje que coger tu mano. Sin esperas ni cansancio. 

Dormir es acariciar tu pelo y tu espalda, y soñar.
Bailar es volar sobre los pies bajo los arcos de Paris. 
Nadar es respirar bajo el agua cristalina y encontrarte tras un mar de coral. 
Comer es sentarme frente a ti y reír. Mirar y desear tus labios. 
Caminar es recorrer un sendero increíble de un bosque cerrado. Escucharte y oler ese camino, conociéndote. Y llegar a Santiago.
Soñar es mirar a tus ojos, viajar en ellos y llorar. 

Pero, ya sabes, nada es verdad a este lado del espejo. 

Navidad

La Nochebuena es la oportunidad de estar con tu familia más íntima, de encontrarte, casi sin querer, de frente con los sentimientos más tiernos e intensos que tu corazón pueda demostrar. Un buen momento para saludar a las nuevas incorporaciones.

También es una noche en la que, inevitablemente, te aparecen en el recuerdo las ausencias más íntimas. Has vivido todo el año enredado en mil cosas que te han despistado de su presencia eterna.

Así que la noche se presenta con la sensibilidad y la ternura a flor de piel. En la mejilla irrumpen sin querer unas lágrimas limpias y puras de amor.
Son de emoción, de felicidad y de recuerdo. Con toda la alegría y la esperanza, la aventura y el misterio.

Son mis perlas de amor de navidad.
Siempre con el mundo en los ojos. 

Y las quiero compartir contigo.
Feliz Navidad.

La Luz

Perdido el sentido de mi vida, solo paso los días sin motivo. Atravesando un tiempo vacío que lleno dando sonrisas y abrazos generosos. Pero es un intento vano, una estrategia de engaño para sobrevivir este camino sin amor.

Quiero a los míos, a todos. Y quiero a la familia elegida, la del corazón, a todos también. Sin embargo mi corazón sigue vacío. Y ese silencio es turbador. Convierte mi vida en invisible. Las noches en interminables pesadillas.

Observo, como de forma inevitable, se marchita despacio la Luz.  Esa Luz que solo da la Felicidad. Esa Felicidad que solo encuentras en el Amor, que alienta y alimenta tu vida. Entonces no sonríes con la cara. Sonríes con todo el corazón, con el hígado y los pulmones. Sonríes con el Alma.

Contemplo con tristeza como elegí el camino más corto para el final. 

Y mientras veo pasar el último barco con la primera Luz del día.

Cuento de Navidad

La Navidad es un cuento. 
Un cuento que nos han contado desde pequeños a generaciones y generaciones de niños. 
Es pura magia. 

En mi casa era tiempo de mucho frío y lluvia. Tiempo de botas katiuskas y jersey gordo de lana.
De tardes de candela y noches de brasero de picón bajo la falda de camilla. 

Eran tiempos de leer y de contar. Que un niño precioso había nacido de noche en un portal, y lo calentaban un buey y una mula.
Y le visitaban todos los pastores. Y Reyes a caballo y en camello seguían a una estrella para encontrarle. 

Tiempos imaginar cómo esa historia se repetía cada año en estas vacaciones. Donde cada tarde oscurecida, las calles se quedaban vacías, y eran ocupadas por pajes y personajes a caballo, que iban de paso hacia Belén, y recibían las cartas escritas a los Reyes Magos con las peticiones de todos los niños. También informaban de su comportamiento en casa, en la escuela o con los demás niños. 
Y mientras, se pasaban esos días aguantando la promesa de portarse bien, y el suspense hasta el día de Reyes en que, si cumpliste, quizás te dejen algún regalo. 

Alguna tarde, con mi abuela y mi tía, en la casa del cura, casi los sentimos pasar, ya de noche, con los postigos de las ventanas cerrados. 

Noches imaginando balones de cuero, muñecas de pelo largo, triciclos, juegos de arquitectura o camiones volquetes. 

Y los olores cambiaban a tierra mojada, a hierba, en casa a canela y limón, a cazuela de pavo, a rosquillas con azúcar y pestiños de miel, a mantecados y turrón, solo para estas fiestas. 

En nochebuena, cantar villancicos sin parar y aprovechar para tocar pandereta y zambomba, que luego se guardaban con las figuras del belen hasta el próximo año. Y comer polvorones y turrón.

En fin de año, confetis y matasuegras, uvas, más dulces y turrón.

Y al final, la noche de Reyes, preparando vasos y platos para los Magos y sus camellos. Noche de nervios para saltar de la cama apenas amanecía, correr escaleras abajo y explosión de alegría.

Cada diciembre, mi infancia fue una casa de pueblo llena de niños alrededor de un cuento de navidad.

A DOS

Perdón,
te amo en francés 
te hace parecer 
cuando no sabes sentir. 
Cuando no entiendes 
que sentir 
no es parecer. 

Pero nada es igual a decir
Je t’aime, mon coeur  
Te amo meu coraçao
O
Ti amo tutto il mío cuore 
 ... a corazón abierto 
... a cielo despierto, 
a todo o nada,  
lanzado al vacío 
en busca de tus abrazos 
salvadores, 
de tus besos embriagadores 
de fresa y limón. 

En mitad de la nada 
hace frío y vacío. 
Se te complica tu plan,  
y a pesar de dar tu mano, 
no compensa en el pecho 
el dolor de no ver tus ojos.
Suplico llorar a tu lado, 
emocionados. 
Emoción a dos. 
A dos. 

Burbuja

Se puede vivir en una burbuja.

Entiendo que, acostumbrados a vivir sin fronteras, tener unos límites tan cercanos nos provoquen cierta ansiedad. Pero es que dentro de esos límites está la garantía de supervivencia. 

No es una cueva. Es una burbuja que tiene las paredes transparentes y que nos permite movimiento suficiente y limpio. Y tener cierta perspectiva.

Pero la condición humana, inquieta y desafiante, nos empuja fuera de la zona segura, tentando a la suerte, aún sabiendo que la suerte siempre es escasa y esquiva. 

Es un impulso irracional desmedido en busca de rescatar lo perdido sin reconocer que está fuera de nuestro alcance. Y hasta ahora está siendo suicida.

No se entiende bien esta impaciencia.
Puede que la incertidumbre haya ganado espacio a la prudencia. Y la verdad no la vemos en la información. 

Lo más terrible es contemplar el tiempo perdido, la sensación de que se nos pasa la oportunidad. Sin embargo la VIDA enseña que, de oportunidades, es una cadena interminable.