Cada paso que das más cerca. Cada paso que das aleja. Cada aliento lo siento único. Cada viento me alcanza súbito. Cada beso lo quiero lánguido. Que cada risa me vuelva loco. La dulzura delgada y fina. Y el misterio que sepa a poco.
Ahora que siento que llevo un talento escaso adentro. Que quiere salir y no sabe cómo. Y la música se torna a gris. El pentagrama vacío. Y nada pasa. Se guarda cubierto.
Ahora que siento, mientras miro, cosas que no veo, pero imagino vivas, latiendo. Sin duda existen en algún universo, que es extenso.
Ahora que pierdo mi tiempo, entiendo que absurdo correr a ningún destino. Sin respiro, buscar a ciegas la salida del laberinto.
Y suelto amarras, separándome del suelo. Volando suave, subiendo, subiendo, perdiendo la cabeza, el sentimiento de vértigo.
Ahora que el vacío llena los armarios que dejo abiertos.
Ahora que el futuro no existe, o es más incierto.
Ahora que nada es imposible, ni posible.
Ahora, Te Quiero.
Ahora que cuido mi cuerpo cansado, herido.
Ahora que me cuesta respirar para estar vivo.
Ahora que nada me importa más que estar contigo.
Ahora Te Quiero.
Ahora que lleno tu espacio con los espacios míos, y colmo tus huecos de calor y frío. Invadiendo tu casa con mis sueños encendidos.
Ahora que todo me sobra, y lo llevo prendido. En mil cajas guardados lo que no necesito, la vida me lleva, ligero, descubriendo el nuevo camino.
Ahora que pierdo los pasos perdidos, las dudas que asaltan las torres del castillo. La luz que señala el nuevo destino. Tus ojos brillando por encima del filo.
Ahora que sigo llenando de besos el horizonte lejano.
Y, cuando la nieve cubra mis sienes, mi pelo, mi cara, mi cuerpo, mi ser, sepas que, debajo, hay un corazón nuevo latiendo fuerte por tí.
Necesidad no tengo. Es fuego. Sólo presiento la búsqueda de tu abrazo, el sentimiento de ser querido, ese gesto correspondido, ese beso de amor.
Ni ambición, ni lucha. No hay más reino ni más poder ansiado, que estar a tu lado, serte útil y querido. Y, si alguna vez malheridos, sanarnos por amor.
Y sanados, no olvidemos el pasado, el presente una constante sorpresa, Y el futuro, una aventura, la serenidad más pura, juntos los dos, por fin.
Que la música nos traiga la felicidad que buscamos. La cadencia de las olas, la calma y la paz en nuestro jardín preferido, de las manos cogidos, tu corazón y el mío, estrechados.
De pronto notó como el futuro le vuelve a encañonar. Por un momento pensó que estaba fuera de ese punto de mira. Por un momento pudo mirar la punta de ese cañón, y al final del alma, la bala que llevaba su nombre.
Fue la felicidad, sin duda, el escudo más eficaz. La razón por la que pudo esconderle su figura. Y le perdió. Pero que fugaz. Que rápido pasó el tiempo feliz.
¿Y ahora qué? Pregunta el pájaro que abandonó su nido, siguiendo el vuelo de su amor. ¿Volver a empezar? pensó un instante, mientras sus ojos nerviosos buscaban desencajados una ayuda. ¿Donde está? ¿Donde perdí su rastro? ¿En que quiebro, en que golpe de viento se esfumó sin darme cuenta, que ahora no le veo? Será que me entretuve y no atendí su señal. Y a la puerta del final, cuando fue a mirar, ya no estaba allí. No puede ser. Esto no puede acabar así. No para de aletear, a todos sitios mirar, atento por si escucha su respirar.
Sólo silencio, sólo.
De pronto, otra vez, solo. Solo. De pronto, otra vez.
En este momento que nada queda del pasado y el futuro se abre delante, lucho por ser feliz, y solo me queda olvidar.
Ejercicio doloroso y fantástico, el de desprenderme del orgullo, la competitividad, la suficiencia, la seguridad, el poder, el dinero, la influencia… Y me queda algo de nostalgia, a flor de piel los sentimientos, y la soledad.
Sequé mi ambición en un pozo de realidad, físicamente limitado.
Cambié eternidad por un amor eterno, con media pensión a medias, salud vigilada, risas y lagrimas fáciles, y abrazos generosos. Mi paraíso.
Ya no sirvo para tanto, pero valgo un tesoro para mí. Y lo que tengo lo doy, sin dudarlo.
He pasado de sujetar TODO con fuerza en mis manos, a poner mis manos a la espalda, atadas.
La soledad acompañada, rodeado de gente que me quiere, y que me mira con curiosidad. Aún presiento algún comentario en voz baja de «ya no es lo que era», en la duda de ¿Que hace este hombre?
Ahora me arriesgo a cruzar los pasos de peatones en mitad del tráfico enloquecido, que con urgencia, no respeta al de a pié. Solo levantó la cabeza para ver el horizonte encendido al amanecer, y las puestas de sol enrojecidas. O para buscar la luna nueva, que la luna llena me viene sola.
Y convertido en payaso, todo empieza «para hacer tu risa estallar»
Hoy toca viajar, recorrer la distancia al revés. Ojalá pudiera volver, que ya te extraño.
Sensibilidad es la nueva fuerza que me empuja, y me quema.
El sitio donde volver. El refugio donde querer estar, donde recuperar todo tu poder. La alegría de regresar, según la ves en el horizonte conocido.
Sin hogar. Yo no lo sentí ayer. Al contrario, eché de menos lo perdido, lo dejado atrás. Tampoco sentí la comodidad en mi casa de siempre, sintiéndola un poco menos mía. Apenas contenedor de mis últimas posesiones, batiéndose en retirada, como un apátrida sin bandera. Nuevos sentimientos que me tienen confundido. Perdido entre este ir y venir. Peligroso vacío sin fin, sin hogar.
Ojalá me plagien cientos. Me copien descarados los versos que desparrama la punta de mi bolígrafo sobre el papel vacío.
Así serían testigos de otras risas, otros llantos. Otros amores y desencantos. Otros triunfos, irrepetibles cada uno, de la guerra del amor.
Ojalá otros repitieran cien veces hasta memorizar los «te quiero» «te extraño», y no se quedarán a un peldaño del olvido, a un suspiro de un sentimiento desvanecido en la inmensidad del aire.
Ojalá desaten la pasión, activen las palancas decididas de las buenas intenciones, y ayuden a expresar y a comprender todo lo que tú corazón guarda acorazado, como un regalo.
Bajo el hechizo de las hortensias, que llegaron a casa de la mano de un ser muy querido, me he quedado prendido sin poder dejar de mirarlas.
Ahora, la habitación está en penumbras, al resguardo del sol radiante de principios de verano. Y mientras espero, observo mis manos, soportes imprescindibles de las esquinas de mi alma.
Hoy huele a tostado el aire en casa. Y a tierra humeda, con las primeras gotas de lluvia fina y suave colándose por la ventana entreabierta.
Al acecho, respiro profundo, deseando que llegue temprano mi sueño. Que remonte el vuelo la imaginación y formule una nueva historia inventada, realista como una visión.