Bueno chicos Esta historia se acabó Por fin Y ahora que todo se acaba todo sigue, como si nada, como el aire. No opongas resistencia, no luches si no vas a ganar, saluda al sol. Deja pasar este momento y que llueva de nuevo lagrimas y risas. Soy el pasado definitivo. Esta historia se acabó. Con amor. Adiós
Autor: 21siglosofia
Amor y engaño. Cap. 5 El engaño
Cuando el amor, con toda intensidad, te conduce a lo inesperado. Vivir un sueño

Abrazos
Estaba pensando en esto de las fases de desconfinamiento y los comportamientos, y los deseos derivados.
Y si seguimos las pautas de post COVID19 en las fases de desescalada, que, como sabéis, se producen por avalancha (sacamos al perro 6 veces al día, multitudes paseando, todos haciendo deporte, agotadas las reservas de mesas en bares, etc..), cuando nos dejen, te sorprenderás abrazando a gente que ni conoces.
Free Hugs
Como en las bodas.
Perdone que le escriba


Amor y engaño. Cap. 4 Perseguido
Cuando el amor, con toda intensidad, te conduce a lo inesperado


Rebelión del silencio
La rebelión de los silencios de la inmensa mayoría, carne de cañón, gente sin rostro, sin nombres, soldados desconocidos que solo honran con el fuego eterno y hasta la próxima. Sin voz, el engaño del voto delegó en la minoría dominante. Y ahora, en este instante, no representan nada, no cuentan para nadie. Solo en elecciones engañosas. Y hasta la próxima. Como reclamar con respeto-justicia el respeto que se merece la dignidad de ser sin rostro, la responsabilidad de ser mi representante, sin romper la convivencia en mil pedazos, y hasta la próxima. Rebelión del silencio. Silencio atronador. Dejen de hacer ruido inútil, devastador. Más silencio por favor. Solo pensemos durante un instante de silencio.
Enamorado de una flor
Un día, mirando detenidamente una maceta de mi terraza, descubrí un brote 🌱 pequeñito en una rama de la planta. No se porqué me fije en él, pero cada día, una par de veces, me daba una vuelta por allí para echarle un vistazo. De ese pequeño nudito fueron saliendo varias hojas minúsculas, que se fueron desplegando con paciencia, de un color verde intenso. Casi se notaba la fuerza que corría por dentro y las ganas de extenderse al sol de Primavera. Cada día me pasaba a verla, curioso y excitado, esperando que me diera una nueva sorpresa. Así de rápido y de fuerte fue creciendo. Al pronto me di cuenta de que volvía a retorcerse en un nudo, del que le costó algo más salir. Por fin llegó el día, y ese nudito se deshizo cambiando el color a rojo anaranjado, al principio. Cada día, creciendo, se hacía más intenso el rojo, contrastando con el verdor intenso de las hojas que le arropaban. Estaba encantado con mi flor. Era preciosa y estaba exultante. Con qué brillo e intensidad se mostraba cada mañana. Espectacular. Llamaba la atención de algún insecto que se le acercaba a beber de su néctar y después escapaba. Orgulloso de mi flor encantada. No podía resistir el impulso de acercarme a verla, quizás presumiendo que tanta exuberancia, no podía ser eterna. Le busque un buen sitio, el mejor, en mi terraza. La regaba con cariño, ni poco, ni demasiado, escarbaba con cuidado, de vez en cuando, alrededor de su tallo, para facilitar el trato... La flor se abría con fuerza, como desperezándose, y atraía más mi curiosidad. Siguió cambiando su color. Pero me fijé que ya no era tan intenso. Cambio a tonos más oscuros, más pardos, las hojas de alrededor también se fueron arrugando, y lucieron lunares pardos. Seguía siendo maravillosa, mi flor, pero algo estaba cambiando. No presumía tan excelsa, y se iba ocultando del sol intenso de cada mañana. Dobló el tallo, se inclinó levemente hacia un lado. Hasta que llegó el día más amargo. Se le calló un pétalo; y luego otro hacia el lado. Oscurecida y arrugada, quería parecer lo de cada día, pero ya no aguantaba. Y mi flor sé secó en su rama, y guardó algo de color rojo pardo, casi morado, sin brillo, arrugado, pero eterno. Arranque la flor y el tallo. Abrí un libro de poemas, y la guardé con cuidado. Que feliz de encontrarla y que feliz de guardarla en mi libro preferido para no olvidarla. Había otras flores, rosas, moradas, amarillas; pero no eran como la mía.
Despedida
Ese momento
solo mío, solo tuyo
Escucho latir el corazón
Y el silencio.
Dolor de entrañas
que no comparto
con nadie
Angustia final
que encierro
solo para mi.
El aire
me da la vida
y viene escaso
Me despide
Un suspiro
sin réplica.
Un beso frio
y la mirada
ciega.
La vida y la lluvia
no para por nadie
la luz de la luna
vino a alumbrarte.
Amanece suave
el cielo encendido.
Comienza otro día.
No debes pararte.
No debes pararte.
No debes pararte.
No mires atrás.
No voy a olvidarte.
Tesoro ganado,
déjalo en el camino,
nada vale ahora.
Solo haberte querido.
Solo haberte querido,
haberte tenido,
haberte sentido,
Amor.
Desconfínado de todo
El mundo que viernes Más allá de un martes o un jueves cualquiera Lleno de distancia Y vacío de nadie Así cada semana de cada mes que quieras Esperando cambie la marea y el viento sople de levante suave Que acabe la ansiedad Ahora Todo lo que viernes se va al día siguiente Sin que pueda decirse nada nuevo. Y miro de reojo que no te acerques Por fin acostumbrados a esta normalidad nueva que nadie quiere y acepta todo el mundo a regañadientes sin chistar Aterrorizados por el contagio de una pandemia a medias entre el interés y la salud que entre todos debemos llevar a cuestas, sin entender lo que tenemos que hacer Si elegir de una vez a qué lado morir si de hambre o enfermos Los derechos derogados en defensa del interés común de un puñado que decidieron por todos sin preguntarnos Y se apartaron enrocados tras de una visión trascendente donde unos pocos deciden quien cae o continúa en el frente Todos siguen obedientes O condenados por insurgentes Un solo pensamiento Sobrevivir Un solo mandamiento Someter Un nuevo orden el poder concentrado Injusto Esto no es vivir Con miedo no es vivir y sin embargo ...
Maldita
Maldita la duda. La mía. La tuya. Maldita la pena, que guía la furia. Maldita memoria, que sigue cautiva. Maldita la arena, que cae cada día. Maldita la sangre. Inútil. Pérdida. Bendito el perdón de tan grande Corazón. Bendito tu amor y el mío de los dos.
Te lo cuento
Érase una vez, Caperucita Feroz y la Lobita Roja, que se cruzaron en el pasillo largo de un edificio de oficinas. Y de tan estrecho que era no tuvieron más remedio que hablarse
- Perdón, dijo la Lobita Roja
- ¿Que quieres? ¿no ves que voy a pasar?
- La Lobita Roja, enrojeció de vergüenza aún más sus mejillas, y con ese tono bajito y sensible de su voz, le contestó : pos passa, cariño. ¡Nové la niña!
No siempre las cosas son de una única manera. Imagínate tú.
Fin del cuento.
P.D. Tan segura estaba de su capacidad de abusar, que continuó insultando. Al ascensor ya no llegaron. Enzarzadas en un conato de bronca, Caperucita Feroz le arreó una patada a Lobita Roja que le partió una uña. Y se marchó dándole la espalda enfundada en su capita amarilla.
¿continuará?, en plan story colletion









