Dentro de mi tengo un pozo abierto, sin fondo. Un abismo oscuro que hay veces que emite un sonido silbado, del aire que lo recorre sin obstáculos, que me llama y me atrapa con invencible fuerza.
Estar en algo, mejor estar contigo, me aleja del borde mismo de ese abismo que ya conozco.
Es el vacío, la nada, la tristeza, el fin, la eternidad, la habitación en blanco…
Es el miedo sin retorno, donde me empuja el rechazo de los que intentaron estar junto a mí, y fracasamos. Es la soledad absoluta. Es estar con nadie, volverte loco, no reconocerte ni a tí mismo. Es querer dañarte.
Es agonía interminable, la angustia de morir sin aire, deseando un final que no te alcanza, porque el instinto te supera y luchas por respirar. Y no puedes.
Es humo sin hogeras, sin aire, sin esperanza.
Es un pozo negro, de bordes deslizantes llenos de dudas. Un sitio que conozco. Donde caes sin esfuerzo cuando dejas de ser necesario. Cuando te acabas.
Y te apagas.
Fin.