El beso

Durante años llevo haciendo más o menos el mismo trayecto cada día para caminar. Al amanecer sea invierno o verano, recorro al menos los mismos cinco kilómetros recomendados. Y comparto ese recorrido con pocas personas que se atreven a horas tan tempranas cada día en cumplir con esta costumbre. De entre ellas una pareja, el muy alto y fuerte, ella mucho más bajita, lo hacen cada día cogidos de la mano. Cada día, durante años.  Normalmente, ya después de tanto tiempo, nos saludamos al cruzar nuestros caminos. Pero el otro día me di cuenta por primera vez, de que, al final del recorrido, antes de dar la vuelta de regreso, se paran. Él se inclina hacia ella. Ella de puntillas se acerca a su cara, y se besan. Un Gran Premio por alcanzar cada día la meta. Un gesto de cariño y ternura que me conmovió. Al reemprender la marcha, dándose cuenta de mi sorpresa, me regalaron una sonrisa. Historias de madrugada

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