Un árbol

Soy árbol
Recuerdo que, siendo muy pequeño, me mantenía escondido para que no me pisaran, al abrigo y la sombra de dos encinas enormes en la dehesa extremeña. Fueron mis maestros.
Era gordito, frondoso y pequeño. A mi alrededor crecían otros seis pequeñines, Me trasplantaron a terreno abierto para que tuviera posibilidades.
Y crecí. Crecí mucho junto a otros muchos, formando un precioso bosque.
Y me volvieron a trasplantar a nuevos territorios.
Y me hice grande y fuerte. De mis ramas más resistentes, colgaban más ramas. Y llegue a medir 20 metros o más. Llenos de fruto.
Bajo mi sombra se celebraron fiestas y alegrias, acogí siestas y merecidos descansos y algún que otro encuentro de amor. Trepaban por mi pie y se sentaban a mirar la puesta de sol, mientras rascaban en la corteza un corazón y dos iniciales.
Resistía los envites del viento y las tormentas. Entonces, a pesar de mi tamaño, era flexible y me adaptaba prácticamente a todo.
Hubo primaveras muy verdes donde llegaron jilgueros y anidaron
Era un frenético trajín de ir y venir con ramitas pequeñas en el pico, las fueron enlazando con maestría, y se encerraron dentro la parejita. Daba gusto ver con cuanta alegría y desenfado volaban cerca de las ramas más altas….
Algún verano largo y seco me hizo daño. Me podaron y arreglaron. Y resistí con entereza. Incluso cuando, por el ataque dañino de un bicho feroz, me partieron literalmente por la mitad. Resistí.
Pasaron los años y se me fueron cayendo las hojas. Ya no daba tanto fruto.
Me empezaron a doler las ramas. El tronco se endureció y se hizo inflexible. Cuando arreciaba el viento, me crujía el alma, y amenazaba con arrancarme del suelo. Alguna rama se me calló seca y sin vida
Un pequeño intruso se me coló por dentro. Sin darme cuenta me fue vaciando.
Perdí el color y la prestancia
Pero me mantenía erguido orgulloso
Patético esfuerzo que presagia el final
Solo me queda servir de alimento a alguna hoguera. Ojalá sea por San Juan.
Siempre se dijo que de árbol caído todos hacen leña. Después de todo, Feliz.

P.D. – A mi árbol están a punto de talarlo. Ley de vida.
Lo conocí ya enorme, imponente. Fueron muchas las tardes a solas a su sombra, escribiendo las primeras letras de una canción, guitarra en mano. Las noches de verano, al fresco, soñando con las estrellas de la Vía Láctea eterna. Según la hora. concierto de grillos o de chicharra. Al pie el mantillo de hojas secas, bellotas y hormigas. Todo eso y sus olores siempre estarán conmigo

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