Besos

Le lance un beso a la luna,
por si pudiera alcanzarte.
Tu mirándola tan lejos,
y así llegar a besarte.

Amor eterno

Conocí a tanta gente
a la que pude hacer feliz. 
Y sin embargo los dejé 
en mitad del camino. 

Conocí a tanta gente
a la que quise, siendo feliz. 
Y en el rellano me enteré 
que no eran para mí. 

Y ahora que nada importa
si no nos vemos, 
si ya no es corta 
la distancia del sendero. 

Ahora que no te veo
si te miro, 
pero te siento
conmigo. 

Ahora que estoy
al final del camino
a ninguna parte 
si no es contigo. 

Es eterno 
el pulso del tiempo, 
el calor de tu mano, 
El Amor verdadero. 

Lágrimas

Con intensidad, 
concentradas en el filo del lagrimal, 
se desprenden al hablar 
y también en silencio, 
a cada paso lento
con el que me muevo. 

Despacio, el tiempo pasa hoy. 
No se refiere a nada, 
ni lo esperaba. 
Pero se desprenden sin parar 
mejilla abajo 
o buscando un atajo. 

Presionando mi cabeza 
y dentro, el corazón 
abierto en canal,  
esponja de tantas ilusiones 
que, a veces, se hacen emociones 
en una lágrima. 

Nada tiene sentido

Mientras te miro, nada tiene sentido. 
Desconozco el porqué estoy aquí, contigo. 
Somos dos desconocidos. 
Impaciente dejo pasar los minutos y me olvido. 

Imaginando los colores de las flores. 
A ojos cerrados, los olores, 
la caricia del agua del mar, 
en el cielo, volar… 

La cabeza va a estallar, 
nervios a flor de piel . 
No puedo, no quiero parar.
Quiero salir, 
a escondidas, escapar. 

Ir allí 
           Estar contigo 
                                       Soñar 
                                                    Estar cerca 

            FIN

Derramado

Corazón derramado
Amanece
Mar en la luz
Cielo añil 
Frío que despereza

Dame tu mano
Tengo tu espera 
No espero nada de ti
Pierdo la cabeza 

Pájaro que mira y salta
Tira la caña y deja
la cama vacía sin dudas
Para que vengas 

No te detengas
en la orilla de arena
Vuela para que vuelva
Vuela corazón de pecas

Mota oscura
a contraluz 
de la inmensidad
del mar 

Este mar cansado
pausado y quieto 
que nada te pide 
que nada te da 

Yo que solo quise
ser quien te lavaba tus pies 
Y no miraste 
solo que olvidé. 



El último banco

Se acerca la tarde. Aquí hace brisa fresca de poniente. Después del día intenso de calor, se agradece un poco de esta pausa viendo caer el sol. 

Ahora no tengo nada más que hacer que mirar el horizonte, con el sol de cara, encendido, pero ya no ardiente. Su fulgor se ha transformado en seda, en calor terciopelo, mientras empieza a hundirse en el mar azul marengo. 

Solo son unos minutos, largos, menos de una hora mágica que abre la puerta de los sueños. Donde una caricia multiplica su valor, llegando a lo más profundo del corazón. 

Aunque alrededor siguen jugando sin parar, siguen las conversaciones en tonos de compartir, eres capaz de concentrar tu alma en la caída al mar del día, hasta el punto de silenciar el momento como si fuera una fotografía, una cinta de película muda. 

Daría mi vida por tus pensamientos. 

Toda la vida en la emoción serena de un sueño, de una historia de cuento, de un cuento que termina en la noche, en un suspiro de amor. 

El último banco para mirar caer el sol que me regaló esa historia, lo tengo bien guardado en mi corazón. 

Don antes

De joven, hace mucho, a mitad de juventud más o menos, se me acercó una clienta, en Cáceres, me miró a los ojos, y deslizó con una sonrisa de súplica un ejemplar de solicitud de donante. Donante de ojos. 

… y se fue de mi ventanilla.

Me dejó un poco perplejo.

Luego en casa leí detenidamente el formulario y decidí rellenarlo y enviarlo.

Así me hice donante. De ojos. También lo soy de sangre, por mi grupo 0-, donante universal. 

Ahora que últimamente ya no me llama nadie, me gustaría ser donante de sonrisas, de calma, de miradas profundas, y de abrazos y caricias. 

Y como decía antes, ya nadie me llama. Y esto se acaba.

Estoy viendo venir la soledad más cierta, ahora que caminar me agota, que se apaga la mirada, con la paciencia intacta, aún con la sonrisa puesta, herencia de la casa.  

Engreído y generoso. la realidad manda. 

Jo. 

… y yo que los regalaba. 

@elmundoenlosojos