Carma

Algunas veces la fantasía invade tu vida.
Ideas imposibles atraviesan la gruesa tela de la realidad, y te hacen vivir un sueño. 

Yo se que es verdad, porque tiemblo al recordar como me pasó a mi. 

Y una sonrisa abierta enciende la cara, cuando pienso en tu mirada, nerviosa, excitada, mientras acordábamos nuestra próxima cita en el paraíso. 

Y como vino se fue. Pero aunque pasen mil pasos nunca te olvidaré, vida mía. 

Y enredados en el sueño, algún día, en el nido aquel nos volveremos a ver.

Agota

Vivir agota.
Agota mucho si decides por tu cuenta vivir intensamente, sin freno, durante mucho tiempo.

Llega un momento en que sientes el peso de todo en la espalda, la falta de fuerza en las piernas, la visión nublada por la debilidad súbita, y el anhelo de parar, estar tranquilo, respirar. 

Pero es tan corta la vida, que no quiero permitir que se me escape, que no quiero olvidar lo prometido, que no quiero seguir perdido buscándote.

Te encontré.
Te encontré en la razón de seguir vivo, en el deseo de la próxima aventura, la última, lo prometo, hasta la siguiente.

Pero en esta voy a poner todos los sentidos y alma entera, para disfrutar como siempre de aquella manera, sin dejar de subir ni un peldaño de esta escalera, si entrando a la casa y en el balcón, estás tú, Luna llena. 


#abuelinoencamino

Donativo para llegar a Santiago Si quieres, ¿me puedes ayudar?

1,00 €

No ver

Caen cortinas. 
La función termina. 
Anuncia el final 
de esta parte. 

Y quedarme a oscuras 
me tiene en vilo. 
No hacer el camino 
es una maldición. 

Los pasos no acompañan. 
Ya no escucho las campanas. 
Te veo solo en sueños. 
Todos se cumplen en mi cabeza. 

Que feliz termino 
de capítulo. 
Cambian las reglas. 
Fallaron las fuerzas. 

Y no ver 
este final, 
fue lo peor. 

No ver. 
Fue 
lo peor. 

¿Que le importa 
al ciego 
la luz del sol?  

¿Como vivir 
si no ves amanecer 
para ti? 

La noche más larga, 
sin luna nueva, 
ni luna llena. 
Muriendo de envidia

Playa de amor

Y ver amanecer un día más 
El corazón entregado a ti, 
amor imposible. 
Dolor interminable 
Risa embelesada.

¿Que voy a hacer? 
Caminar al infinito 
Sin final 
hasta caer de rodillas 
ante la puesta de Sol. 

Playa de amor. 
Déjame llegar hasta allí, 
que no vi la luna llena, 
el cielo de nubes 
la cerró para mi. 

Ojalá diera con el verso suelto
que me deje el cielo abierto 
para alcanzarte. 

Ojalá el camino abierto 
no me lleve hasta el desierto 
y me baste para llegar a ti. 

Y caer entre tus brazos 
escoger entre dos pasos 
Entre vivir o morir. 

...de amor 

Cajita de tesoros

Un día descubrió mi nieta que me gustan las cajas. Las uso para guardar pequeños tesoros. Y por eso, en su carta a los Reyes Magos, pidió para mi una cajita. ¡Es un tesoro!    
En la cajita guardó detalles, cosas pequeñas, insignificantes, que solo tienen valor para mi, pero que encierran recuerdos que son un tesoro. Nunca se sabe si en algún momento hay que rescatarlo.   

A veces uno se acerca, o lo intenta al menos, a personas que te han hecho sentir. Personas, algunas desconocidas incluso, que alteran tus sentimientos y te llaman la atención. Me pasa de vez en cuando.   
Y a pesar de mis intentos, no consigo alcanzar ese halo que tanto me gustó. Fui constante, lo prometo. Pero no se dieron las circunstancias. Mi Estrella no brilló lo suficiente, y pasó desapercibida. 
Entonces, abro mi caja de tesoros y con mucho cuidado acomodo mis recuerdos, como si fueran un fetiche. Nunca se sabe si en algún momento habrá que rescatarlo.   

Mi nieta es fantástica, tranquila y observadora. Lleva como yo elmundoenlosojos. 

Historias de un día malo

Soy solo un contador de historias. 
Las describo con detalle, las descubro cuando están tapadas o a oscuras. Solo las cuento con el ánimo alterado y el corazón conmovido. No podría de otra manera. Me siento incapaz de ponerle letras a lo que no me asombra o me remueve por dentro.
En todo, el corazón y la pérdida de razón, pesan como una losa de las de tapar nichos.
Alguna vez intento escribir desde la distancia más pulcra, la necesaria para no implicarme. Pero es una burla de la propia historia y acabo enredado en sus notas, en su aroma, o empapado en esa lluvia intensa de gota gorda y charcos que recuerdo de siempre de mi ciudad natal.
Y de ese cielo plomizo y oscuro que te da la luz de la tristeza y el olor a mojado en las hojas de los árboles del parque. 

Y no se de qué manera la historia se revuelve y me envuelve, y me devuelve lo que siento escondido dentro del pecho. 
Hoy lloverá sobre el medio día. Parece que cuentan que lo hará con fuerza. Y el viento batirá sobre los cristales de la terraza, dejando ver con dificultad las olas encrespadas rompiendo en espuma blanca la arena de la playa.
Y casi nadie se arriesgará a transitar por el paseo a esa hora. Los que ahora lo hacen van con prisa y encogidos, que el viento ya enfría.
Dudo si seguir aquí, contándote lo que miran mis pupilas, o coger el chubasquero y salir a la calle pitando.

Pero antes, decirte que perdones mi insistencia grosera para conseguir que me odies y así no hablarte, poniendo esa distancia terapéutica que tan bien puede que nos valga para olvidar, y abriría el capítulo nuevo de felicidad que te mereces.
Nada fue mentira de lo que te demostré, nada de lo que te dije fue un invento. Todo lo sentí y lo siento con intensidad y certeza, amor. Todo lo di con generosidad sincera. 

Y ahora si. Debería sacar de casa esta intensidad, y disipar junto al mar, este día frío y malo, las lágrimas sentidas que se me escapan.
Lágrimas de cocodrilo, tú sabes.

sinsanvalentin

Bueno, solo son las 7 y media de la tarde del sábado 13 de febrero. Apenas hay luz en el jardín. Apenas hay luz en mi casa. 
Y la merienda de bocadillo de aceite, la he engullido con mucha intención.  
Después de la sobremesa me quedé solo. Y se me ocurrió ver algo en la tv. ¡Planazo!  
Así que, como alternativa pensé en reabrir la botella de whisky de la estantería con llave. Tú sabes, para evitar las tentaciones fáciles. Y la abrí. Solo dos o tres chupitos, mientras empezaba la trama de la pelí que servían a esta hora.  
Pero en mitad de todo, sentí mucha sed, y abrí también una cerveza bien fría. Y me la tomé. La cuestión ahora es decidir si terminar la peli, bajar la basura y dar una vuelta, o lo que tengo planeado hace tiempo. 
Vamos. Descarte el último recurso, y me decanto por vestirme para sacar la basura y dar un paseito al fresco. Ya sé que no me voy a perder, porque el paseo es de dos direcciones: ida y vuelta. 
Dejo de escribir; una pausa y a actuar. Nos vemos en cinco minutos; media hora como mucho.(Suena desesperado) 
Tapo la botella de whisky y recojo el plato y el envase de la cerveza. 

De vuelta. Creo que por la hernia de hiato vuelvo a tragar dos o tres veces lo que como. Quizás sea por eso que no consigo bajar de peso. 
Es que últimamente estoy más preocupado por mi aspecto. Hoy le pregunté a mi hija que le parecía mi pelo más largo. Y en su opinión debería de raparlo. Y todo a pesar de decirle que mis rizos eran naturales. Pero me contestó que si, pero escasos. 
Así que he decidido dejármelo largo. ¡Qué queréis! estoy en una edad rebelde en eclosión. 

En la calle no hace frío. Ni calor. Hay gente con sus perros en el parque, y sus hijos. Mejor me voy al paseo para verme más solo. 
Con las botas desabrochadas, se me soltó un cordón, y paro a prenderlo y no pisarlo; es el de la derecha. Suena una pelota botando contra la acera, detrás de mí. 
Qué pena. Cuanta agudeza da la soledad, que te hace escuchar hasta lo que no importa. También el chasquido de huesos de mis pasos, esos que no comparto con nadie. 
Risas y conversación animada en un balcón vecino a la calle. Un pequeño grupo de personas en el jardín de perros, algún auto que circula por la calle, agua que cae de una manguera de riego. Un paseo al mar vacío; el paseo, claro. Decidieron bajar la intensidad de la luz, supongo que, como ya no viene nadie. 
Poca gente, en parejas y enmascarados, paseando despacio en la penumbra. Los bares y chiringuitos cerrados. La verdad no sé lo que hago andando por aquí. 

Recuerdo que un día de hace tres o cuatro años, sentado en la playa, mirando al este, al horizonte, se me acercó un hombre desde la oscuridad y me increpó ¡qué miras! Por allí nada va a venir. Un loco ayudando a otro loco. ¡Qué poca cordura! 

Y, en el final de mi memoria, la botella encima de la mesa, el vaso vacío. Ya empieza a hacer frío. No tengo mejor plan este finde de San Valentín, sin rosas ni miradas, sin cenas ni abrazos, ni besos, ni promesas. Solo volver a la mesa de la botella y el vaso. 
Y de paso echar de menos y suspirar para no morir ahogado. 

Ya de vuelta en casa, en un arranque de orden y desconcierto, recojo todo de por medio, la botella, el vaso, cierro el balcón, apago las luces. No me olvido de las pastillas. Y en la cama me acuerdo que no puse la lavadora con la ropa de color. Nos quedamos sin yogourt en la nevera ...

Pero eso será en otro momento, ya queda poco para San Valentin, y he de enviar un beso a toda la gente que quiero. 

Un beso. 

Para, papá

Quiero parar. 
Para volver 
a donde nunca estuve, 
a lo que siempre soñé. 

Si quieres saber 
donde estoy 
de verdad, 
en el fondo de mi ser. 

Solo es volver 
a mirar 
los ojos de aquel niño, 
en blanco y negro. 

La mirada perdida 
de mi adolescencia 
ardiente, 
llena de planes. 

El viaje a la nubes. 
La sonrisa en los labios. 
Las alas escondidas 
debajo de la piel. 

Y volar 
con las manos cogidas, 
buscando la luna 
donde soñé. 

Donde sueño 
cada noche 
en Babia, 
amor.