Toque de vela

Son las 4 de la mañana, 
y el día me llama. Prende la vela. 
No hay luz en la calle. 
Aún quedan horas de toque de queda. 

No puedo salir.
Y aquí en la cama arde. 
Sin propósito decidido, 
será difícil mantenerme tranquilo. 

Afuera hace frío, mucho frío. 
Y en mi cabeza un rio. 
Recuerdos descolocados, 
planes abarrotados sin sentido. 

Así cada día, cada noche. 
No es un reproche. 
Es que no puedo hacer nada 
para volver a ser un tipo ordenado. 

Los controles de horario
la movilidad reducida 
la actividad desactivada.  
El confinamiento decidido. 

La pandemia del miedo 
rebeldía contenida 
 desastre sanitario. 
La propaganda política urdida. 

Y en mi cabeza solo estás tú 
Amor 
y emprender el camino solitario 
cuesta arriba, camino abajo. 

A quien haría daño 
es solo un pie pequeño 
y una cabeza de anciano 
no pueden acabar con el sueño. 

El destino está inmensamente lejos. 
El chasquido de los pasos 
no lo escucha nadie. 
Lucho contra mí mismo. 

Romper mis reglas. 
Elegí las nuevas, que son ninguna. 
Mira a la luna, si se deja, 
y caminar sin parar. 

Solo parar para seguir. 
Recuerda que el placer está en el camino pero no pierdas nunca el destino 
que soñaste al salir. 

Y ahora espera, 
no puedes hacer nada 
hasta que suene la alarma 
y se apague la vela. 

Aprenderte. Amor distancia. Fin de la espera.

Tenemos que aprender a querernos, sin verte y tú sin verme. Sin abrazos, sintiendo en la distancia sideral tan cerca, que imaginemos el roce de las miradas en el horizonte.

Tendremos que aprender a imaginar lo que no tenemos, a recordar con cariño lo pasado, espantando el olvido. 
Y esperar que estos tiempos se acaben, e intentemos encontrarnos lo antes posible en un sin aliento, acabando esta angustia de no tenernos.

Tendré que aprenderte de memoria, a la espera de descubrirte de nuevo cuando esté por fin a nuestro alcance. Y guardar hasta entonces tanto por querernos.

Te necesito.

Solo la esperanza de volver a verte, de estar juntos me vale para pasar por este calvario, por esta etapa tan sombría e injusta. 
Solo la certeza de volver a estar contigo, para emprender el camino soñado.
Hasta entonces contener la respiración en un suspiro. Hasta volver a estar contigo. 

AMOR IMPOSIBLE. LEDA

Surcando mi cielo 
estrella fugaz, 
un destello de tus ojos 
provoca en los míos 
una lágrima. 

Sonrisa del alma 
que desborda de tus labios 
un veneno, 
que me arrastra con fuerza 
a este abismo. 

Estalla en mi garganta 
un grito mudo, 
sordo lamento, inútil,
del condenado.

Pócima mortal que bebí 
de tu boca, encantado, 
como un suicida: 
Feliz. 

Tenerte al alcance de la mano 
y no mover un dedo.
Imaginar tu respiración 
agitada en mi cuello, 
mientras te miro de reojo
en un descuido.

Perder por un momento
el sentido ...
Soñar despierto 
acariciar tu cuerpo, 
... no puedo. 

Provocarte, 
arrastrándote también 
a esta locura, 
sentir por un momento 
la dulzura
de un beso, ... no puedo.

Esperar 
con paciencia infinita 
la rotura
de este hechizo fatal 
que me envuelve. 
Mirarte con sosiego, 
amarte, ... no puedo.

Amor imposible.
¡Que suerte tener
esta amargura, 
encendido en mi corazón 
este secreto! 

Cruzando el camino

Al otro lado, cruzando el camino de mi existencia, sin mas equipaje que tu insistencia y tu curiosidad, encontraras lo que no imaginas.

Y yo, asustado por ver tus progresos, temiendo descubras todos mis secretos, y feliz por compartir contigo lo que soy y lo que siento.

Pero no será fácil el trayecto. A veces me resisto a desnudarme en mitad de tanto ajetreo. Y en lugar de entregarme a todo tu empeño, me defiendo con vergüenza y cierto miedo a perderte en este nuevo sendero.

No es fácil. No es fácil ser sincero, entregar todo el cofre de secretos escondidos muy adentro con esmero, sin sentir que estas del todo al descubierto. 

Estoy dispuesto a explorar esto contigo, si tu me das tu mano y siento en mi pecho el latido de tu pecho, y tus labios acompañan mis mejillas, mis ojos bien abiertos descubriendo la felicidad. 

Estoy cansado de andar solo, tan perdido. De que el frío mas intenso invada mis sentidos, mirar sin ver nada, hablar en sueños, imaginarte aquí a mi lado, descubrir en la brisa tus aromas, y esperar a ver si asomas allí, cruzando el camino.

Íntero

Muy quieto, me enfrento a pasar los días.
Por ver si pasa uno de estos, el tren todavía.

De tanto parar y mirar adentro sin mover una pestaña, la foto fija de ti se me mueve y cobra vida.
Será la memoria selectiva, que te da la que me hace falta hoy.

Y las tripas revueltas de no comer con ganas, y de sentir vacío.
Y el corazón en llamas que consumen lo que queda de pasión.

Así un día o diez, pasando en el reloj despacio el tiempo futuro, cuando el pasado fue intensamente rápido. Voló sin saber que ya pasó, dejando el rastro iluminado al que miro cansado cada instante.

Nunca será lo de antes igual que lo de mañana. No dejo de mirar en la ventana cómo se rompen las olas, despeinando las ramas de los árboles, resistiendo el horizonte el envite.

Saldré a buscarte, mi destino, a explorar el camino que me queda, donde me perdí.


Íntero es un término de origen en el latín, que encuentras en portugués e italiano. Su significado es desmenuzar o espolvorear rayando dentro …

A donde

Quiero echar a caminar 
a ningún lugar, 
a donde me lleven los pasos,  
lejos de donde ahora estoy. 
A ningún lugar, 
a ningún lugar. 

Una línea cualquiera 
del horizonte, me guiará, 
me espera un destino en guerra, 
un camino sin velas, 
un nuevo y antiguo lugar, 
de ningún lugar. 

Un cielo con estrellas, 
y mi luna ya entera 
en silencio y frío, fuera 
dejando que pasen lentas 
hacia ningún lugar, 
a ningún lugar,  

las horas mágicas 
que esperan cerca, 
ver tú amanecer espléndido, 
sordas marcas de pisadas, 
a ningún lugar, 
a ningún lugar. 

Solo rosas blancas 
en la esquina de tu balcón. 
Y no tengo el valor 
para decir Te Quiero. 
Acompáñame cielo, 
a ningún lugar. 

Ven a esta playa desierta, 
a mi jardín con olas, 
coge mi mano abierta 
pasea conmigo despacio, 
a ningún lugar,
de ningún lugar.