El Rey

Se cree el Humano
el dueño del universo.
El que dispone de todo
como si unicamente fuera suyo,

Y la naturaleza, que es sabia,
los hará entender, una vez más,
que nos es así, que corremos
el riesgo seguro de extinguir.

Se cree el humano
invencible, eterno.
Y apenas existimos
una insignificante parte del todo.

Del tiempo,
de todo el espacio,
de toda la energía
que gobierna sin prisa, despacio.

Se cree el humano
que cambiará el destino,
arrogante y tirano.
Ignorante.

Y es la humildad,
la generosidad y la mesura,
y no la soberbia, la que te da de verdad
el poder del reino.

Toma lo que necesitas,
y deja a los demás
su sustento, su dignidad
y la vida.

Se cree el humano
que no sentimos,
que no miramos lo que hacen,
que no pensamos.

Y sólo pedimos
respeto, emoción
confianza, abrazos
y cariño.

Carta de la naturaleza a los humanos

El Rey es el Universo

Un punto

En el cielo, 
un punto de luz,
un ser invisible,
una extraña virtud.

Un silencio inquietante,
una música de laúd.
Un capitulo aparte.
Una muerte sin cruz.

Un abrazo lento y suave.
Una luna de tul.
Un deseo inimaginable,
mis sueños de azul.

Y tú boca insaciable,
mis manos suaves
sobre tus manos amables,
me dicen que no.

Que si me quieres,
sin más, sin temores,
tendrás que venir
a nuestro sitio común.

Señal

Era un astronauta viajando en el hiperespacio en una misión espacial,
que ha perdido la señal,
y no deja de pensar que volverá,
que no le dejarán de buscar.


Y que, a su regreso, estará tu risa
para recibir su entrada de nuevo a casa.


De momento esa señal se apaga, agónica, parpadea la luz en la distancia. Es imposible no pensar en la perdida, pero la esperanza de recuperar la felicidad que generas, disipan totalmente cualquier duda, por razonable que parezca.


Absolutamente determinado, mira una y otra vez por la ventanilla el horizonte, escudriñando las estrellas, eligiendo la más bella, para llevar como regalo.


Tú risa
Tú risa …
Es la distancia más corta,
repite como un mantra, mientras sigue las rutinas previstas en el manual de la nave, y lo que aprendió en el taller de sicología.


Consumiendo con paciencia y avidez las jornadas que le separan de su sueño: volver a tí.

Llorar

Hoy desperté temprano 
con el corazón encogido.
Y sin motivo aparente,
con unas ganas tremendas
de llorar.

Será que ya vino el otoño
y la distancia es insalvable.
Será que extraño tus abrazos
que me llenó de forma inevitable
la soledad.

Cuando las lagrimas asoman
al borde de los ojos,
el aire en el pecho, comprimido,
nunca pude evitar,
llorar.

Sensibilidad
Intimidad
Deseo
Universo personal
Emoción


Te estimo.
Te extraño.
Llorar

Escondite

Cada uno se esconde rápido detrás de donde puede. Habitualmente en el mismo sitio.
Detrás de una cortina, algunas de humo. Detrás de una sonrisa, detrás de un oficio, de una esquina, detrás de alguien, de un árbol, detrás de un silencio más largo.

Cada cual a su manera, esconde sus debilidades, sus puntos flacos, sus secretos más íntimos. Y los defiende con la vida, si es preciso.

Siempre andamos buscando un escondite. Un lugar secreto inaccesible donde guardarnos de los demás.
Y cuando lo encuentras, te haces fuerte en él, construyendo nuevas barreras con altura, para hacer realmente infranqueable la entrada de furtivos, curiosos y mirones, al acecho de cualquier rendija.

Sólo dejas entrar a una persona especial. Esa que te abre sin llaves y te desnuda el corazón en dos miradas.
Esa que es tu alma gemela, tu hermána, tu Amiga, que también te enfada cuando dice la verdad que no quieres escuchar, y te hace reír como nadie un instante después, sin parar.

Siempre encuentras con cariño a muchas personas candidatas a invadir ese territorio único y personal, guardado con celo.
Pero casi nadie consigue alcanzar el centro de tus pensamientos y deseos verdaderos.
Y esperas impaciente conocer ese Ángel que te aguarda en algún lugar de la tierra, y que está destinado a tí.

Mientras, esperas acurrucado en tu escondite. Mientras te espero a tí.

Escondite

El río

Sólo un hilo de agua deslizándose sobre una roca.
Y más abajo una poza acumula el charco de agua fresca donde poder sumergirse y espantar el calor del verano.
Una sombra enorme de un árbol gigante, nos acoje tumbados bajo su copa.
Hoy no hay brisa, solo sopor.
Sólo nos queda elegir entre la sombra o el agua helada de la poza.
Un paraíso interior.

Piscina natural. Cáceres. Extremadura

Háblame

Bajo un cielo sin estrellas 
una madrugada cualquiera.
Tumbado sin sueño
mientras me acordaba de tí.

Soñando despierto
que acurrucados
jugábamos
a ser muy feliz.

Y, de pronto un disparo,
rompió la noche en pedazos,
y las lagrimas no curaron
aquella herida mortal.

Era mediado septiembre,
el aire caliente
cargado de culpas,
mientras abandonaba el portal.

Hay veces que reconoces
ese nudo en la garganta
que te aplasta el pecho
y no aguantas las ganas de volver.

Te necesito, amor.
Y las lagrimas de lluvia
inundan el patio
si decides que no.

Te necesito, amor.
Mi corazón estalla
hasta volar hacia ti
si me dices, ven.

No sé cómo regresar,
el mapa del camino
de vuelta a tu hogar
depende de tí.
Háblame.

Buenos días

Buenos días
¡Buenos días! 
me saluda mi escritorio
con una infusión y una pluma,
cuando son las cuatro y media.

Como no eras capaz de dormir
encendiste la luz sin querer
y la historia te vino a contar
lo que soñaste otra vez.

Ven, abrázame
Que mis brazos te extrañan
y mi corazón se empaña
en esta noche sin tregua

Ven, te pido
y mis manos se enredan
recorriendo tu piel suave en una caricia sin fin.

Garbanzos

El aroma de garbanzos recién hechos, con notas de pimentón, chorizo, morcilla, jarrete y pollo, 
Patata nueva, pimiento y aceite oro.

Aroma de mi niñez, con pantalón corto.
De correr por la calle, de sombra, de mocos.
De amigos recién encontrados, en un septiembre de locos, en el patio del cole, de morder hinojos.
De cielos grises queriendo llover a chorros.
De calor asfixiante, deseando agua a cántaros, de ver atardeceres rojos.
De higos, de pan blanco, de zanahorias, de agua del piporro.
De mi infancia sublime, tesoro de pocos.
Aire del oeste, veranillo del membrillo, corazón de otoño.
Calle de las Mercedes, número 32, Guadajira, Badajoz.
Mi isla del tesoro.

Cocido extremeño