La verdad entera siempre es grosera. Y nunca se ve completa, por diminuta que sea. Llena de detalles y matices, por pequeños que parezcan. La miramos a trozos, cada uno a su manera. Cada uno la recuerda del color que la venera.
Pero es la verdad.
La poesía la adorna, la engalana de alegrías y tristezas. La retuerce, la aplasta, la amasa, y la presenta irreconocible, difuminada, esbelta.
Y la memoria la aleja, dejándola en una silueta. Un pequeño esbozo de lo que era. Un suspiro insignificante de la verdadera.
¡Es la verdad!
Argumentan con firmeza. ¡La verdad no es esa! Nos replican con certeza. En honor a la verdad se hicieron mil componendas, se cometieron injusticias, se cortaron cabezas. Y se empezaron las guerras.
La verdad...
La verdad es que el tiempo infinito se acaba para cualquiera. Y se sustituye por otro tiempo, aunque ya no te pertenezca. La verdad desnuda viste las vergüenzas. Te pone de rodillas, te saca de viaje, te llena las maletas.
La verdad está ahí fuera, Más cerca de lo que parezca. Se escudriña buscando la certeza, siempre en tu cabeza, que aveces no la encuentra.
La verdad es que te quiero A ti que me lees, quien seas.
La verdad es que mi Verdad eres tú, que me ves y me escuchas. Te quiero Reina Musa. Mi estrella, MyQ.
Confirman que me enviaran el reloj. (Amazon) Sin necesidad de tiempo que medir. La luz del amanecer creciente, deshace las tinieblas. Mientras ya suenan las primeras notas de 5 A.M. de David Gilmour. El arpegio de la guitarra invade mi espacio.
Recuerdo tu calor tumbados juntos. Tu respirar profundo. Tu dulce sueño. El perfil de tu cara, a kilómetros de distancia. Debo prepararme para viajar. Cruzar el banco de niebla hasta tu sonrisa. Cruzar el pantano, que mueve el suelo bajo mis pies, creando la falsa sensación de flotar, cuando en realidad entierra mis botas, atrapando mis pasos cansados.
Horas de mañana de noviembre, que saben a migas con pimientos, que huelen bellotas y a candela, avivando los rescoldos de la hoguera de ayer, donde poner el café de puchero. Aire húmedo de la querida dehesa extremeña. No te alejes. Horas de mañana de noviembre.
5 A.M. David GilmourDehesa extremeña 5 A.M. David Gilmour
Nunca llovió tanto como dentro de tu abrazo. Nunca sentí tanto como siento contigo. Nunca fui amigo tan sincero de nadie. Y no creo que nadie lo fuera conmigo.
No pase miedo paseando de tu mano. Ninguna risa me abrió tanto el corazón. Nunca más quiero estar al borde del abismo. Todo contigo es lo mismo, si estoy frente a tí.
Me llenas de sentido y no desbordas este sueño que baja como el río, entre rocas sorteando los obstáculos. Transparente, caudaloso y frío.
Ningún viaje eterno se hizo largo. Ninguna espera fue tediosa. Nunca un beso fue ligero, ni espeso. Nunca nada como en tí.
Destaca en el sector entretenimiento y la información el altísimo consumo de guerras sangrientas, especialmente en los últimos años, que produce elevados niveles de audiencia.
Nadie se acuerda ya de la guerra de Siria. (306.887 víctimas, según Derechos Humanos de Naciones Unidas en 2022). Siguen contando…
Y pierde relevancia la guerra de Ucrania. (Más de 500.000 bajas estimadas entre los dos bandos, incluido muertos y heridos). No se ha cerrado aún el conflicto…
Recientemente enfrascados en la de Israel y Hamás. ( 31.000 muertos o heridos entre ambos contendientes, 3.000 de ellos niños, cuenta la prensa). No tienen ganas de parar …
Causa pavor cual pudiera ser el evento de la próxima guerra.
Distrae el frío y el miedo cantando una canción, nos decía mi madre, mientras silban sin parar los misiles, arañando sin piedad la tierra desgastada. Donde ya nada es igual, donde la memoria es la caja donde se guardan rencores, y las flores el símbolo del pasado feliz. El Dios de la guerra decidió que su ambición era terriblemente más poderosa e importante que las vidas insignificantes que estaba aplastando, todas prescindibles, carne de cañón, estadísticas frías y herméticas que servir con propaganda de telediario en cada bando, insensibilizado la opinión pública, maleable y también prescindible en la magnitudes que baraja la guerra. Mientras, sin reaccionar, sólo conmovidos por el miedo a que el conflicto se extienda y el sonido de las bombas termine acercándose a nuestra puerta, la humanidad consiente su propia extinción. Como si los muertos no nos pertenecieran, y las caras desencajadas de dolor y horror no fueran la realidad verdadera a las puertas del invierno. Canta, madre, canta, que los males espanta, que esos Dioses animales de la guerra se mueran, y los juzguen por crímenes de lesa humanidad, y se haga el silencio, Y que lo único que suene sea tu canción.
La cantidad de cosas que soñamos y no haremos. La cantidad de veces que quedamos a las puertas de un te quiero, a la orilla de los labios, a tiro de una mirada perdida, y que quedaron sin destino navegando en el infinito mar de los alientos.
Las veces que los besos sonaron y no alcanzaron su destino. Las veces que los abrazos se deshicieron fríos en una tarde de sábado. Y las gotas de lluvia nos calaron, y nos separaron cada uno por su lado. Y el paso de los días se hicieron pesados, alargados, esperando otro lunes de trabajo, otro tramo de camino cuesta abajo hacia un destino incierto que no quisiste.
Depende ti, solo de ti cambiar de rumbo. Nada parece fácil, aveces ni adecuado. Pero mirar a otro lado es la mejor de las ideas. Mejor sonreír por nada, alegrar la mirada con una hoja voladora de otoño, que abandonó su rama del árbol y se encamina calle abajo hacia la esquina que le oculta la vista de la siguiente calle. Como un niño dando saltos en la orilla persigue con la mirada otra hoja que calló al río y viaja nadando aguas abajo hasta perderse.
El amor es esquivo y efímero. Pero también intenso y dulce. No renuncies a amar. Que él corazón calcinado y gris no es corazón sino la sombra de lo que fue el motor de tu alegría, el disparo de salida de tu imaginación y de la felicidad.
Dibuja trazos de colores, flores, cisnes enormes que recorran el estanque en primavera. Deja el otoño rojo y ocre abrigado en una bufanda de lana oscura que tejieron para ti los que te quieren.
La capacidad que demuestro
para no hacerte feliz
me mantiene paralizado.
La desconfianza que provocó en ti
no me deja respirar.
Hace tiempo dejé de competir.
Y solo quería soñar.
Interpreté mal tus señales.
Inventé una falsa realidad.
Seguramente.
No quiero dañarte,
pero no se como hacer
para no perderte.
Me haces tanto bien
cuando me siento correspondido.
Aunque no puedo obligarte
a subir a este sueño,
si no es tu sueño también.
Y solo encuentro refugio
en mi habitación vacía,
en blanco,
en blanco.
Al salir, quiero encender una luz,
una llama que cambie esta ceguera.
Eres la felicidad que busco.
Con los ojos abiertos
en la oscuridad no veo nada,
en blanco,
en blanco.
Dame tu mano, acércate.
Solo soy un alegre hombre viejo
que quiere ser feliz.
Y compartir
este último paseo de estrellas
en blanco,
en blanco.
Bendito amor secreto
que solo comparto contigo.
Sentado en un banco a la sombra
bajo la brisa caliente y suave
de este otoño, verano interminable.
Aunque el secreto sea a voces,
no quisiera romperlo ahora
que ya se que lo comparto
solo contigo, y tú conmigo.
Transparente como el cristal de una pecera.
Hemos crecido dentro tanto tiempo,
que fuera no se respira igual.
No siempre compartir este secreto
tiene que ser necesariamente bueno.
Tus pensamientos y los míos, son intimidad.
Quiero escribir una canción profunda,
Tan sencilla y personal,
que el eco nos mueva el pecho,
las manos se busquen con afán,
y los ojos llenos de lágrimas,
nos pidan en silencio
el más bello de los besos.