Un punto

En el cielo, 
un punto de luz,
un ser invisible,
una extraña virtud.

Un silencio inquietante,
una música de laúd.
Un capitulo aparte.
Una muerte sin cruz.

Un abrazo lento y suave.
Una luna de tul.
Un deseo inimaginable,
mis sueños de azul.

Y tú boca insaciable,
mis manos suaves
sobre tus manos amables,
me dicen que no.

Que si me quieres,
sin más, sin temores,
tendrás que venir
a nuestro sitio común.

Señal

Era un astronauta viajando en el hiperespacio en una misión espacial,
que ha perdido la señal,
y no deja de pensar que volverá,
que no le dejarán de buscar.


Y que, a su regreso, estará tu risa
para recibir su entrada de nuevo a casa.


De momento esa señal se apaga, agónica, parpadea la luz en la distancia. Es imposible no pensar en la perdida, pero la esperanza de recuperar la felicidad que generas, disipan totalmente cualquier duda, por razonable que parezca.


Absolutamente determinado, mira una y otra vez por la ventanilla el horizonte, escudriñando las estrellas, eligiendo la más bella, para llevar como regalo.


Tú risa
Tú risa …
Es la distancia más corta,
repite como un mantra, mientras sigue las rutinas previstas en el manual de la nave, y lo que aprendió en el taller de sicología.


Consumiendo con paciencia y avidez las jornadas que le separan de su sueño: volver a tí.

Llorar

Hoy desperté temprano 
con el corazón encogido.
Y sin motivo aparente,
con unas ganas tremendas
de llorar.

Será que ya vino el otoño
y la distancia es insalvable.
Será que extraño tus abrazos
que me llenó de forma inevitable
la soledad.

Cuando las lagrimas asoman
al borde de los ojos,
el aire en el pecho, comprimido,
nunca pude evitar,
llorar.

Sensibilidad
Intimidad
Deseo
Universo personal
Emoción


Te estimo.
Te extraño.
Llorar

Escondite

Cada uno se esconde rápido detrás de donde puede. Habitualmente en el mismo sitio.
Detrás de una cortina, algunas de humo. Detrás de una sonrisa, detrás de un oficio, de una esquina, detrás de alguien, de un árbol, detrás de un silencio más largo.

Cada cual a su manera, esconde sus debilidades, sus puntos flacos, sus secretos más íntimos. Y los defiende con la vida, si es preciso.

Siempre andamos buscando un escondite. Un lugar secreto inaccesible donde guardarnos de los demás.
Y cuando lo encuentras, te haces fuerte en él, construyendo nuevas barreras con altura, para hacer realmente infranqueable la entrada de furtivos, curiosos y mirones, al acecho de cualquier rendija.

Sólo dejas entrar a una persona especial. Esa que te abre sin llaves y te desnuda el corazón en dos miradas.
Esa que es tu alma gemela, tu hermána, tu Amiga, que también te enfada cuando dice la verdad que no quieres escuchar, y te hace reír como nadie un instante después, sin parar.

Siempre encuentras con cariño a muchas personas candidatas a invadir ese territorio único y personal, guardado con celo.
Pero casi nadie consigue alcanzar el centro de tus pensamientos y deseos verdaderos.
Y esperas impaciente conocer ese Ángel que te aguarda en algún lugar de la tierra, y que está destinado a tí.

Mientras, esperas acurrucado en tu escondite. Mientras te espero a tí.

Escondite

El río

Sólo un hilo de agua deslizándose sobre una roca.
Y más abajo una poza acumula el charco de agua fresca donde poder sumergirse y espantar el calor del verano.
Una sombra enorme de un árbol gigante, nos acoje tumbados bajo su copa.
Hoy no hay brisa, solo sopor.
Sólo nos queda elegir entre la sombra o el agua helada de la poza.
Un paraíso interior.

Piscina natural. Cáceres. Extremadura

Háblame

Bajo un cielo sin estrellas 
una madrugada cualquiera.
Tumbado sin sueño
mientras me acordaba de tí.

Soñando despierto
que acurrucados
jugábamos
a ser muy feliz.

Y, de pronto un disparo,
rompió la noche en pedazos,
y las lagrimas no curaron
aquella herida mortal.

Era mediado septiembre,
el aire caliente
cargado de culpas,
mientras abandonaba el portal.

Hay veces que reconoces
ese nudo en la garganta
que te aplasta el pecho
y no aguantas las ganas de volver.

Te necesito, amor.
Y las lagrimas de lluvia
inundan el patio
si decides que no.

Te necesito, amor.
Mi corazón estalla
hasta volar hacia ti
si me dices, ven.

No sé cómo regresar,
el mapa del camino
de vuelta a tu hogar
depende de tí.
Háblame.

Buenos días

Buenos días
¡Buenos días! 
me saluda mi escritorio
con una infusión y una pluma,
cuando son las cuatro y media.

Como no eras capaz de dormir
encendiste la luz sin querer
y la historia te vino a contar
lo que soñaste otra vez.

Ven, abrázame
Que mis brazos te extrañan
y mi corazón se empaña
en esta noche sin tregua

Ven, te pido
y mis manos se enredan
recorriendo tu piel suave en una caricia sin fin.

Seguro muero

Muero
¿Que estamos haciendo? 
¿Que pasó?
¿Ha sido un arañazo, o rompimos nuestro soporte?
Volvemos a la distancia para recuperar la calma ¿Es eso?

Yo he vuelto a las noches de insomnio,
a las tardes en vela,
mirando horizontes inmóviles.
Vaciando mi casa
de ilusiones inviertas, de.
¿Me confundí? ¿te engañé?

Siempre hay cosas que hacer,
pero esta distancia mata,
este silencio perturbador
hunde mis esperanzas.
No sé qué debo respetar.

Tu ausencia, en mi cabeza,
provoca ideas extrañas,
seca el jardín este calor,
diluye los planes que hicimos.
Sin tí no tengo ganas.

Seguro de lo que siento.
En el espejo donde miro,
no hay nada.
Dime qué no se rompió el hechizo.
Que tal vez me escribirás mañana.

Muero de ganas
de volar a tu espera
plantarme en tu puerta
con una sonrisa.

Muero del silencio
que nos separa
las manos.

Muero sin respirar,
tu mirada clavada
en la mía.

Llueve

Hoy, martes llovió. 
Y aquí en mi jardín de olas
no cayó ni una gota.
El viento se las llevó
a un lugar lejano,
donde hacía más falta
que cayeran y gordas.

La luz del amanecer
es roja.
Rompe el horizonte
y se mezcla añil
con el cielo, mientras lloras.

Nada tengo que decir
ni que hacer a estas horas.
Llevo días entregado a nada.
Y a nadie le importa.
Sólo esperando que llueva
y moje mi cara de idiota.
Esa que se me quedó
esperando al lado de la roca,
donde deje de ser, un día,
la persona poderosa,
la que pensaba por todas.

... O eso creía yo, iluso.
Y en ese momento difuso,
apenas amanecía,
te escapaste entre mis dedos,
hundidos en el agua fría.
Y contigo, nadando al infinito,
se deshizo el hechizo,
y quedé solo frente al mar,
como hoy,
inmóvil,
vacío,
sin sentido.
Es la hora.