Realidad y fantasía. Aprender a ver el mundo en los ojos. Un viaje personal que comienza ahora.
Autor: 21siglosofia
Estoy permanentemente en babia, donde habito.
¿La razón por la que escribo?
“… yo no estoy loco, y ciertamente no sueño. Pero mañana muero, y hoy querría aliviar mi alma.”
Edgar Allan Poe
Miranda, Ariel, Puck, Umbriel, Titania, Oberón. ¡Que lejos estan, que casi no se ven! Y que distante, Urano, ensimismado en la contemplación de una familia tan numerosa de lunas, orbitando alrededor. ¿serán blancas y brillantes las lunas de Urano?
Las más pequeñas, Bianca, Crésida, Desdémona, Julieta, Porcia, Rosalinda, Belinda y Perdita. Cordelia y Ofelia son invisibles porque se pierden en el abrumador brillo del anillo Epsilon, mientras que Mab y Cupido son demasiado pequeños para ser vistos sin acercarse, como hizo la sonda espacial Voyager2.
Y así hasta 29 satélites tiene Urano, que ahora cumple 244 años y cuatro meses (casi cinco ya) desde que lo avistó Herschel, su descubridor humano. A 2.600 millones de kilómetros terrestres, este gordito feliz es el Dios del cielo, según la mitología griega. Que lo imaginaron, supongo, porque solo es visible con telescopio.
No se puede visitar aún. Es tremendamente frío e irrespirable. Esperemos que la ambición humana no le ponga el ojo encima, porque hidrógeno tiene para aburrir. Y helio, ese gas que inhalado aumenta la altura de las frecuencias en las cuerdas vocales, y te transforma la voz en la de un muñeco de dibujos animados.
Miranda, Ariel, Puck, Umbriel, Titania y Oberón. Las mayores. Bianca, Crésida, Desdémona, Julieta, Porcia, Rosalinda, Belinda y Perdita. Y Cordelia y Ofelia las más pequeñas…
No me digan, por favor, que alguien que no estuviera enamorado podría nombrar con tanta belleza a las lunas de Uranio.
Tremenda mascara es la sonrisa, Careta defensiva de la vida interior. Rostro de mueca que esconde, como interminable matrioska, lo que dentro de tu alma tienes.
Abrazado a ti cada noche. Si así comenzamos, ahora aferro con fuerza tu mano tendida. Pendiente del mínimo gesto, de la necesidad de dar mi alma en cada instante. De no invadir tu aura brillante, de agrandar el espacio al que viajar soñando volar. Trampolín donde saltar tan alto que veas las estrellas de cerca, y envíes besos cargados de amor. Espejo donde mires de cerca, con nitidez, heridas, cicatrices, y la realidad de lo que eres capaz de alcanzar. Sin adularte. Pero valorando la ingente bondad que posees. Y nunca agotar el caudal de ilusión y la locura de regalar tu manera de ser a los demás.