Recuerdo cuando empezó. La luz del día y los colores. Eché a correr por el verde sin darme cuenta de lo que subía.
A veces me perdía. Pero escuchaba la llamada de quienes me querían y volvía atrás.
Luego tomé mis propias decisiones. En mi cabeza seguía escuchando las enseñanzas del maestro. Y volvía atrás.
No fui consciente de lo empinado que subía. Nada me detenía. En mis sueños había música. Sólo corría y corría.
Conocí el amor y el desengaño. Nada fue suerte, ni por un día. No sentía cansancio. Había heridas profundas que me hicieron dudar.
Y sentí muy fuerte que podía influir en la vida de otros. Y elegí esa misión por amor, sin darme cuenta de la dificultad.
La realidad me dió un baño. Me dejó barado en un falso llano del camino. La música cambió, y no dejó de sonar. Dejándome llorando sin fuerzas un día gris.
El camino ya no me llevaba cuesta arriba. Se deslizaba por una pendiente con dificultad. La música no dejaba de sonar.
Pero ya no podía volver atrás. Un paso lateral seguro, despacio, me dejaba alcanzar el siguiente nuevo espacio.
Me volví prudente. Había aprendido, lleno de heridas. Perdí mi poder, mi lugar. ... Y ya no podía volver atrás.
Llegaba de nuevo al prado verde donde descansar. Respiraba con dificultad. La música era mi memoria. Lloraba soñando ... que ya no podía volver atrás.
Intentaba reunir todo mi coraje. Y mis fuerzas mermadas para no perder ninguna oportunidad.
Ya no podía volver atrás.
Miro a mi alrededor. Nadie se da cuenta. Es mi última oportunidad. Este camino se acaba. La música no deja de sonar.
Estoy permanentemente en babia, donde habito.
¿La razón por la que escribo?
“… yo no estoy loco, y ciertamente no sueño. Pero mañana muero, y hoy querría aliviar mi alma.”
Edgar Allan Poe
Ver todas las entradas de 21siglosofia