El mar

¿Que me trae el mar, 
que cada día rompen 
sus olas en mi jardín?  

¿Que me trae al mar, 
que me atrapa amanecer, 
que me atrapa la luna? 

¡Que te echo de menos, 
cuando aún hoy, 
te miro de frente, sin parpadear! 

Allí está mi amor, 
diluido en tu esencia, 
allí quiero volver yo.





#abuelinoencamino

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Mi vida, hasta siempre

Mi vida es un relato de un gran acierto, mi familia, y muchos pequeños fracasos. Hasta hoy.

Sé que el día que encuentre mi paz, mi verdadero sentido, moriré. Moriré de amor. Encantado moriré, por fin.
Desahuciado, devastado, exhausto, abrasado por el desgaste de la lucha, pero inmensamente feliz.

Y moriré feliz de no haberte perdido, de no dejar de sentir tu latido, tu fe en mí.
Espero no haber defraudado, una vez más. 

Diluido en el mar, más allá de la orilla convexa, donde se acuna la belleza, y la luna se posa, dulce e indolente, mientras su brillo se refleja en el agua, y en tus ojos una lágrima que anuncia el fin.

Hasta siempre, amor.
Siempre te busque, siempre te viví.


Abuelino en Camino

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A propósito del género

Lo juro.
No he seguido la “docuserie” de #RocioVerdad12 de _o _sobre Rocio Carrasco y su verdad, todo en relación al maltrato y violencia de género. 
No opino de este caso concreto, ni valoro la veracidad e integridad, ni las presunciones de inocencia o responsabilidades de ese caso.
(Me repugna en exceso cualquier caso de violencia, sometimiento, intimidación o discriminación infringido a cualquier persona, y especialmente el daño a la infancia)

Y, a pesar de la cercanía familiar y cariñosa a una persona que participó en la docuserie, leo extrañado que “el feminismo salva vidas”, “si todas las mujeres nos apoyáramos unas a otras seríamos imparables”. 
Siento estar muy muy lejos de estos argumentos. No de ahora, desde siempre. 
Importan las personas. Lo que más. Solo importan las personas.  

Las personas educadas libremente, con independencia y autonomía, agrupadas o individualmente, son capaces de cambiar las cosas por difíciles o imposibles que parezcan, erradicar los malos comportamientos y corregir las situaciones de abuso, injustas o inmorales. 
Estoy de acuerdo en que, si quieres cambiar una situación injusta o inmoral, una fea costumbre, un mal hábito socialmente establecido, además de estar plenamente convencido y personalmente comprometido, debemos buscar la unión de todas las personas posibles, para que el cambio sea realmente efectivo. 

Educar en casa, en el cole, en los actos sociales, o en la intimidad, es enseñar hábitos y conductas respetables, es decir, enseñar a respetar, a compartir, a ayudar, a ceder, a pedir ayuda, a aceptarla. Y todo con sencillez y normalidad. 
Y así debe ser. Y así será. 

Pero, en todo este largo razonamiento, no ha aparecido ni una sola vez “el género “ como elemento. Y es que es irrelevante. 

El error y el coste tremendo de esta lucha “de género” está precisamente en ese enfoque de género. 
Creo imposible superar la desigualdad de la mujer defendiendo el “feminismo”, contraponiendo poder machista a feminista, empleando términos como empoderar, y reclamando la unión de TODAS las mujeres en esa lucha contra la sociedad, el lenguaje, las ciencias o la literatura infantil, exigiendo todo tipo de cuotas compensaciones y demás que distingan a la mujer. 
Y estoy convencido de la imposibilidad, porque los hombres y las mujeres, todos distintos, son PERSONAS, que en su condición de personas tienen la libertad de pensar y decidir, y el criterio para escoger lo que quieren. Esa si es la lucha. 

Por ejemplo.- De tú mejor amigo, sea una chica o un chico, lo importante será que es TU MEJOR AMIGO.

Pero no depende de mi género y de tu género. Depende de ti y de mi. 
Ese es el gran compromiso. 

Lo he dicho mucho antes de hoy: este es el siglo del womanpower. Y lo es porque los conocimientos y la educación se han globalizado sin sesgo de género. E irrumpen numerosas personas nuevas, con nuevas ideas y compromisos sin importar el género. Aunque llame la atención que sean muchas más mujeres, donde antes no había ninguna. Pero el valor no es que sean mujeres, sino el talento, la formación, los conocimientos de esas personas.

Mi padre maestro y mi madre maestra, nos enseñaron esto. Y ellos fueron aprendiendo también en este proceso, superando roles y estereotipos sociales y familiares, fuera y dentro de casa. 

Teach your childrem, mi canción preferida (de CSNY) habla de enseñar a tus hijos y a tus padres, y aprender de tus hijos y de tus padres.

Educar en casa, en el cole, en los actos sociales, o en la intimidad, es enseñar hábitos y conductas respetables, es decir y enseñar a respetar, a compartir, a ayudar, a ceder, a pedir ayuda, a aceptarla. Y todo con sencillez y normalidad. Y así debe ser. Y así será. 


Perdone que le escriba 

Que me avergüence esta imagen es estar en la dirección correcta

Un poquito de desorden, por favor

Creo que cada uno nacemos con un «estilo» de hacer y de pensar. Es como la tendencia. Una gama de colores, un tipo de música, sombrero o gorra, callado o hablador…

Cuando vamos creciendo puede que te ayuden a aprender como te vas a desarrollar, a cultivar tus virtudes. Pero en ti ya venía gravado tu paciencia, calma, curiosidad, lentitud, determinación, tozudez, sensibilidad, afinación, mal humor, fuerza o locura. Así como en otros viene la impaciencia, la velocidad, el instinto o la inteligencia; contralto, bajo o tenor; aun siendo muy cercanos, incluso hermanos, todos distintos. 

A mí me gustó cada vez tener todo ordenado, planeado y previsto. Mi tío Antonio me tenía bien calao. Un día en su casa, mientras le explicaba que íbamos a hacer un viaje improvisado, me contestó entre risas: …como lo tengas previsto

Todo previsto siempre, los tiempos de viaje, las paradas, los sufrimientos y las alegrías, la compañía y las ausencias. Y por si todo fallara, al menos otro plan alternativo. 

Pero esa locura ya se me pasó. Ahora estoy desaprendiendo, intentado acostumbrarme a lo contrario. A vivir un viaje imprevisible, una aventura al descubierto.
Una cura de humildad.
A poner en mi vida un poquito de desorden, por favor. 



#abuelinoencamino

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O si, o su, o se. (Encerrado)

Ojalá encuentre escondido mi destino, y me sorprenda.
Lo suficientemente loco como para intentar un sueño.
Y lo suficientemente cuerdo para alcanzarlo.

La determinación viene de la mano, el impulso de la locura.
La frustración más amarga, la traición. El engaño de mi vida. 
Pagar con egoísmo lo que di con generosidad.

Desafiar el límite letal arriesgando todo lo que recibiste con bondad y esfuerzo. 

Entonces, no te queda nada.
… y lo quiero todo.




#abuelinoencamino

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Estar aquí

Hola Hilario: 

Estar aquí es un impulso, una determinación, a veces inconsciente, rutinaria. Pero, aún así, necesita un poco de esfuerzo por mi parte.

De vez en cuando, últimamente, pienso en las razones que tengo para hacer ese esfuerzo. Y no encuentro razones.
Solo el instinto y la rutina.
Es como dejarte llevar por la inercia, la velocidad que traías de hace mucho y que te sirve en estos momentos de más agonía. 

No me interesa nada qué va a pasar mañana. Ni el mañana de mañana. Cada día esta idea alumbra con más fuerza en mi cabeza. Para mi es inevitable y recurrente. 

Descuida. No pienso en la muerte. Ha dejado de asustarme. Tengo dudas, es normal.
Pero mis dudas van más hacia el sistema de creencias: ¿habrá “algo” más allá del último suspiro? ¿Me encontraré entonces con todos los seres perdidos? ¿Estará ella allí? ¿Y si no está? ¿Y si no hay nada? 

Porque puede que la eternidad con la que soñamos solo sea un segundo de tiempo, quizás menos, un milisegundo intenso en el que pase toda tu vida por delante, y comprendas lo que perdiste en ese instante.
Y se acabó. 

Si fuera así, tampoco me tortura esa posibilidad, sería igualmente oportuno el final de mi vida.

Es fácil dejar la decisión en manos de otros, humanos o divinos. Mátame, que yo no puedo. Hasta que Dios quiera. Doctor no me haga sufrir más.
Son frases que he escuchado repetidas muchas veces, y todas llevaban implícito la imposibilidad de afrontar ese momento por uno mismo, así que mejor que lo hagan por mi. 

En este momento vital he perdido la ilusión y la fuerza necesaria para mantenerme vivo. No es urgente, ¿sabes?. Pero es definitivo.

No se que pinto ya en todo esto, que mal hago si me esfumo y desaparezco.
Por el contrario, valoró el peso del que libero si me extingo en un momento. Y con eso me convenzo. 

Es algo meditado. No es un impulso de un momento. Digamos que me va llegando pausado, como las olas del mar en calma, suaves y delicadas con su tiempo.

Un pensamiento que me va tiñendo, despacio, con la pausa constante necesaria para inundar de ese color todo el terreno. Huele suave a ron y miel. Apenas perceptible si no estás atento. Y yo estoy atento. Y feliz.

En ningún caso me revelo contra ese momento. Casi que lo disfruto y pacientemente lo espero. 

Estoy cansado de luchar. Llegue a este momento extenuado por el esfuerzo. Viví con intensidad y violencia, a toda velocidad. Y ahora se que mi vida no da para tanto, y pago con dolor, el derroche generoso y espléndido. 

No me quejo. Es que creo que si te quejas expresas tu deseo de detenerlo. Le cuentas a otros lo que te viene por dentro, por si encuentran remedio. 

No me quejo. Solo espero que sea rápido ese momento, que no se demore en el tiempo y crezca infinito para mi y los míos el sufrimiento. Eso no lo quiero. 

Y mientras, no pierdo el tiempo. Apuro cada instante como si fuera eterno. Me lanzo cuesta arriba a encontrar algo nuevo, algo bueno, que no me dio tiempo a verlo todo, a sentirlo bien adentro. 

Ahora decidido a este loco intento, comienzo a andar el camino con pausa, y tomado desde lejos. Prescindir de lo lógico y cómodo, y lanzarme a perder el tiempo, a estirar el cuerpo y las fuerzas.

A buscar, por si encuentro.
Que no quiero perderlo, sea lo que encuentre efímero o eterno. 

Abuelino en Camino

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De balas y navajas postales, como amenazas

Últimamente vemos como, a través de la política, cada día más personas muestran su frustración, su desencanto, incluso su rabia, polarizando las posiciones, atacando sin piedad al contrario, sin respeto, de forma unilateral y partidaria, instalados en el postureo meritorio y en el todo vale. 

Cada vez veo más militantes sin argumentos, retorciendo realidades, arrimando el ascua a su sardina, sin vergüenza, instalados en el corto plazo, sin visión de futuro, y con menos crítica sosegada y constructiva.
Y claro, avanzamos en la escalada de amenazas y violencia. 

Yo milito en el respeto, en la consideración, en escuchar con atención a razones, en la tolerancia, en la curiosidad, en la discrepancia y en la discusión, en el esfuerzo, en el progreso, en la no violencia, en la generosidad y el altruismo, en la convivencia, en el humor y en la risa. Y lo digo en serio. 

Y discrepo de la falta de educación, del engaño, del insulto, la provocación, la ventaja, de la competencia insana, de la ausencia de valores, de la ambición obsesiva, de la agresión, de la ignorancia, de la pereza y del egoísmo. 

Puede parecer que no somos muchos, ni mil, pero se equivocan. 

Somos inmensa minoría, atenta y silenciosa, a pesar de la poca consideración de los voceadores de moda, que menosprecian la inteligencia de la audiencia y ven posible la manipulación y la mentira, confiando en la desmemoria de la mayoría. Esa masa ingente de “centro”, que dicen los políticos, sin militancia y que cambia de opinión poniendo o quitando gobernantes de forma democrática. 
Hartos ya de estrategias que solo esconden, y que no dicen apenas la verdad.

No nos educaron “de derechas o de izquierdas”. Nos formaron y educaron para “saber” y aprender. Y con ello ser críticos con lo conseguido. Y esforzados en mejorar. 

Está bien organizarse, agruparse con los que piensan como tú para lograr mejores resultados. Pero alienarse obedientes, adocenarse en el proselitismo ciego, aniquilando la autocrítica, es empobrecerse. 

Y mientras asistimos a esta escalada, cada vez con menos argumentos, más faltona, amenazante, perdiendo los papeles, subida de tono hasta gritar, compitiendo en esparcir mierda al contrario y conquistar el voto indeciso con falacias y mentiras, que luego si eso ya te digo que no se cumplen las promesas, porque son electorales, y es que esto va así. 

Ojalá estén equivocados. 

Y con tanto gritar y tanto ruido, no se les entiende nada. O si.

Fué D. José Ortega y Gasset, en el prólogo de La Rebelión de las Masas, quien escribió aquello de Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral…

Visto, claro está, desde su perspectiva de la filosofía.

La política la hemos convertido en otra cosa. Pero se puede arreglar.



Perdone que le escriba. 

De brujas y dragones

Anoche soñé contigo 🎶 
Y no estaba durmiendo 🎶 
Soñar con un ángel 
siempre es soñar despierto 

Soñé que me necesitabas, 
y fuimos a hablar silencios. 
Desborde de lágrimas guardadas, 
tus dudas y mis miedos. 

Las risas que más curan 
en el café mas viejo. 
Sentados en la calle. 
Verdades a ras de sueño. 

Amiga con alma y magia, 
no se porqué te cuento esto. 
El corazón en la distancia 
esta noche dio un vuelco. 

Hermana de corazón,  
me llamas. 
Una cuestión de celos. 
La soledad acompañada.

El dragón 
guarda tu secreto.   
Cogida de la mano, pequeña,  
te llevo a casa de nuevo. 

Avisa 
cuando te haga falta, 
y te devuelvo 
el último beso. 

Que seas muy feliz. 
Mi deseo más ciego. 
Siempre acaba bonito 
este embrujado sueño. 




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Abuelino en Camino

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Misionero

Era temprano, primera hora de la mañana. Una señora pregunta curiosa al recepcionista por ese señor de blanca barba, siempre sentado en una esquina, sin hacer ruido.

  • Ese buen hombre tiene una historia. Es un misionero jesuita, que estuvo viviendo con los indios del Amazonas. –  

Le explica Diego, quedándose la mujer perpleja.

Poco a poco me van llegando las imágenes de los dos años perdido en lo más profundo de la selva, viviendo en un poblado indio que me acogió cuando, vagando por los senderos, me perdí.

El día que me rodearon, asustado pensé que me capturaban y suponía el último día de mi vida. Tal era mi nivel de angustia y desesperanza. En realidad me salvaron, y cuidaron de mi todo ese tiempo que estuve allí.

Con humildad y curiosidad aprendí cómo era su vida. Me sentía como un “mono blanco” en mitad de todos ellos. Al fin y al cabo, también era objeto de curiosidad y observación; y eran más de treinta pares de ojos mirando. ¡No tenía ojos para todos! Siempre sobrexpuesto, no encontré donde buscarme un sitio discreto, en segundo plano como a mi me gusta, para observar y aprender.

Luego de comprender cómo hacían las cosas, pasé con torpeza a intentar hacerlas con ellos. Una cura de humildad para mi, y de paciencia en su caso. Y siempre un montón de risas en medio. Este es un vehículo universal estupendo para repartir felicidad. Y esas personas eran felices allí. Felices con lo simple, con lo singular, cuidando con respeto y veneración de su casa y su gente.

Intente acompañarles a todo lo que emprendían, excepto a cazar. Era un desastre andando en la selva, haciendo ruido como un elefante en una cacharrería, frente a su andar silencioso. De ahí mi apodo nativo de gran tambor.

Alguna vez me atreví a ayudarles, poniendo mis conocimientos y habilidades, para facilitar o mejorar pequeñas tareas. Claro que no mostraron ningún interés, por ejemplo, en mi empeño de guardar agua en depósitos o cultivar tubérculos y verduras. Les pareció absurdo ese esfuerzo ante la abundancia y la generosidad de la tremenda selva, su casa. En cambio si atendieron a mis escasas facultades culinarias, que parecieron sorprendentes.

Les llamó mucho la atención los ratos de meditación y oración. Siempre fui un hombre profundo, callado y reflexivo, no especialmente religioso. Pero les aseguro que en mitad de la selva, la grandeza y la fuerza de la naturaleza me sobrecogía extremadamente, conduciendo a un estado de paz de camino a la fe. En eso siempre fui respetado.

Inevitablemente paso lo natural, y después de dos años, aquel paraje se convirtió en mi casa, y esa gente en mi familia.

Hasta que, un buen día, en mitad de un aguacero, un pequeño destacamento de la policía federal me rescató cuando buscaban a un misionero jesuita español también perdido. 

A pesar de mis quejas y explicaciones, no conseguí convencerles de que no era la persona que buscaban. Mi larga barba blanca, mi aspecto, mi origen español y mi carácter calmado coincidían con la descripción de sus órdenes escritas. Mi desconocimiento del portugués acelerado y el miedo a que se descontrolara la situación, pudiendo hacer daño a la tribu, dispuesta a defenderme, también ayudó a zanjar con brevedad cualquier discusión.

Así abruptamente, sin apenas despedida, terminó mi estancia en el Amazonas después de dos años, que para mi fueron un suspiro. Un suspiro feliz lleno de risas y de calor, el que me daba mi familia de la selva. Los añoro muchísimo.

Y de golpe, así convertido en el misionero jesuita de larga barba blanca perdido en la selva del Amazonas, sin serlo. 


P.D. Sorprendente los detalles de la historia, que si no la atropellas demasiado, convierte a los captores en cuidadores, y en raptores a los que rescataron.

Envidio muchísimo al misionero jesuita buscado, que con este rescate, acabo de liberar. Estará sin duda feliz en la selva.

(Basado en un relato improvisado de Diego, de Torremolinos, en plena pandemia.)

La mordida de perro

Va finalizando el día.
Me gusta ver cómo la oscuridad invade la casa poco a poco hasta no ver. 

La pequeña molestia en el costado desde hace un par de días ha crecido, y no me deja ni un minuto de respiro. 
Intento seguir con mi vida, con mis planes, con mis risas.
Con los niños, jugando un rato, contándoles mis historias, interpretando mis personajes, cantando, chillando y riendo. Me encanta ser el mejor juguete para mis enanos.
Además hoy hemos felicitado por su cumpleaños ya pasado a mi prima. Y más risas. 
También hablé con mi única hermana y médico sobre la salud, las vacunas, los padres, … y no coincidimos casi en nada, salvo, lógicamente en los padres que compartimos. …y más risas. 
Le envié a mi pequeño hermano los datos que pidió, por email como quedamos. Entre risas.

Al llegar la noche, el cansancio, los esfuerzos por mantener el ánimo y el mordisco de perro este del costado me acaban desarmando. Saco fuerzas para planear un poco el día de mañana, y escribir un rato, si puedo. 

Hablando como los locos, mis planes de escapada los veo desinflados con este inconveniente, que siento viene camuflado. No para de crecer en intensidad, no mejora y no puedo controlarlo. 
El pasaporte de registro del Camino De Santiago está preparado, sellado y validado, con mi compromiso de rellenar mis datos. Hasta ahora es anónimo.
Tendré que completarlo. Sería un desastre que no pudiera, una vez más, llegar Santiago. Un desastre.
Puede que mi última oportunidad. Estoy a treinta días exactos del inicio, según los planes. … no me puede estar pasando. 

Estoy cansado. Mañana, a la luz del día, estaré más determinado.  

Y a este perro diablo, a ver si lo saco de mi costado.